Los excrementos humanos rara vez se conservan durante miles de años, pero en las minas prehistóricas de sal de Hallstatt‑Dachstein, Patrimonio Mundial de la UNESCO en Austria, los científicos han encontrado restos que revelan sorprendentes hábitos alimenticios.
Un hallazgo inesperado
Un equipo liderado por Frank Maixner del Eurac Institute for Mummy Studies (Bolzano, Italia) y Kerstin Kowarik del Naturhistorisches Museum de Viena analizó muestras de paleofeces de la Edad del Hierro y descubrió, para su asombro, ADN de dos especies de hongos utilizadas hoy en la producción de queso azul y cerveza. Los resultados, publicados en Current Biology, constituyen la primera evidencia molecular del consumo de estos alimentos fermentados hace unos 2.700 años.
Queso azul y cerveza en la antigüedad
El análisis genómico mostró la presencia de Penicillium roqueforti y Saccharomyces cerevisiae en una de las muestras. Según Maixner, "los mineros de Hallstatt aplicaron intencionalmente tecnologías de fermentación que siguen utilizándose en la industria alimentaria".
Kowarik añadió que estos hallazgos iluminan de forma sustancial la vida cotidiana de los mineros prehistóricos y revelan que la fermentación ya jugaba un papel destacado en la historia alimentaria temprana.
Metodología multidisciplinaria
Los investigadores combinaron microscopía, metagenómica y proteómica para identificar microbios, ADN y proteínas presentes en los desechos. Así pudieron reconstruir la dieta y el microbioma intestinal de los mineros.
Los fragmentos vegetales más frecuentes correspondían a salvado y glumas de cereales, complementados con proteínas de habas y, ocasionalmente, frutas, frutos secos o alimentos de origen animal.
Este patrón rico en fibra y bajo en alimentos procesados hizo que el microbioma intestinal de los mineros se asemejara al de poblaciones no occidentalizadas actuales, cuyo consumo se basa en alimentos frescos y sin procesar. Los resultados sugieren que el cambio hacia el microbioma occidental es un fenómeno relativamente reciente, ligado a cambios dietéticos y de estilo de vida.
Implicaciones y futuro
El descubrimiento abre la puerta a nuevas investigaciones sobre la producción temprana de alimentos fermentados y la relación entre nutrición y microbioma a lo largo del tiempo. Los autores esperan que futuros estudios de las paleofeces de Hallstatt profundicen en la evolución de las prácticas culinarias y su impacto en la salud humana.