Contexto histórico
En la época clásica, los asirios fueron una de las superpotencias más poderosas del Próximo Oriente, dominando un territorio que se extendía desde Irán hasta Egipto. Su éxito se basó en avanzadas tecnologías militares que les permitían ganar cualquier batalla al aire libre y conquistar ciudades fortificadas.
La rampa de asedio de Laquis
En el siglo VII a.C., la ciudad de Laquis (actual Tell ed‑Duweir, a 24 km al este de Hebrón) fue sitiada por el ejército de Sennacherib. La rampa de asedio descubierta allí es el único ejemplo físico que queda en todo el Cercano Oriente de cómo los asirios construían estas enormes estructuras para arrastrar arietes hasta las murallas de la ciudad.

Equipo de investigación
El proyecto fue dirigido por el profesor Yosef Garfinkel y la doctora Madeleine Mumcuoglu del Instituto de Arqueología de la Universidad Hebrea de Jerusalén, junto a los profesores Jon W. Carroll y Michael Pytlik de la Oakland University (EE. UU.). Utilizaron una amplia variedad de fuentes: textos bíblicos (2 Reyes 18:9‑19:37; 2 Crónicas 32; Isaías 36‑37), relieves en piedra que representan batallas asirias, inscripciones acadias, excavaciones arqueológicas y fotografías aéreas obtenidas con drones del siglo XXI. Sus resultados se publicaron en el Oxford Journal of Archaeology.
Construcción de la rampa
Según Garfinkel, la rampa se construyó con pequeñas rocas de unos 6,5 kg cada una. Se necesitaron aproximadamente tres millones de piedras, por lo que el ejército asirio optó por extraerlas directamente de un afloramiento de roca situado a unos 80 m de las murallas, evitando el transporte desde los campos circundantes.
Los arqueólogos estiman que cuatro “cadenas humanas” trabajaban en paralelo, trasladando piedras en turnos de 24 horas. Cada cadena movía alrededor de 160 000 bloques al día, lo que permitía avanzar rápidamente la obra.

El factor crítico era el tiempo. Se cree que cientos de obreros, probablemente prisioneros de guerra y mano de obra forzada local, trabajaban día y noche en turnos de 12 horas, protegidos por enormes escudos de madera colocados en el extremo norte de la rampa. Estos escudos avanzaban unos pocos metros cada día.
En unas 25 días la rampa, con forma de cuña triangular gigante, habría alcanzado la cima de la colina y las murallas de Laquis. Garfinkel señala que este ritmo solo es posible si los asirios operaban con una eficiencia extraordinaria; de lo contrario la obra habría llevado varios meses.
Uso de la rampa y la maquinaria de asedio
Una vez terminada la rampa, se colocaron vigas de madera sobre la piedra para montar los arietes, que podían pesar hasta una tonelada. Los arietes estaban suspendidos dentro de enormes máquinas de asedio mediante cadenas de hierro, ya que las cuerdas se desgastan rápidamente; de hecho, se halló una cadena de hierro en la parte superior de la rampa.

Los defensores de Laquis intentaron repeler la construcción disparando flechas y lanzando piedras. Los obreros utilizaban escudos de mimbre en forma de L, similares a los que aparecen en los relieves asirios, para protegerse mientras avanzaban.
Perspectivas futuras
Garfinkel planea nuevas excavaciones en el área de la cantera al final de la rampa, lo que podría aportar pruebas adicionales sobre la actividad del ejército asirio y los métodos empleados en la construcción.