Ubicación y contexto histórico
El Valle Sagrado de los Incas, en los Andes peruanos a unos 2 800 m sobre el nivel del mar y atravesado por el río Urubamba, alberga numerosos yacimientos arqueológicos que se extienden hasta la base de Machu Picchu.
Entre ellos se encuentra Moray, a 32 km al noroeste de Cusco y a 7 km de las salineras de Maras, a 3 500 m de altitud.
Estructura de las terrazas
El complejo consta de tres anfiteatros concéntricos —uno principal y dos secundarios— formados por 10 – 12 terrazas dispuestas siguiendo las líneas de nivel del terreno, construidos entre los siglos XIV y XV.
Las terrazas, con una profundidad de hasta 150 m, están delimitadas por muros gruesos que retienen el calor del día y lo liberan durante la noche, creando una serie de microclimas. La temperatura es mayor en el centro y disminuye hacia el exterior y la altura, con diferencias de 3 – 5 °C entre sectores contiguos. En total se pueden distinguir alrededor de veinte microclimas diferentes.
Cada nivel, de unos 2 m de altura, se accede mediante escaleras integradas en los muros. Se estima que cada nivel equivale a aproximadamente 1 000 m de altitud en condiciones normales de cultivo.
Ingeniería agrícola
Los muros de contención y el complejo sistema de canales de riego permiten cultivar más de 250 especies vegetales en suelos fértiles. Un gran depósito en la parte superior almacenaba agua, que se distribuía a cada nivel a través de canales tallados en piedra.
Algunos investigadores sugieren que los incas aprovecharon depresiones preexistentes, quizá originadas por el impacto de un meteorito, para reducir la cantidad de tierra que tuvieron que excavar.
Función y usos
Todos coinciden en que Moray fue un centro de investigación agrícola del Imperio Inca, donde se realizaron experimentos de cultivo y se predijeron rendimientos tanto para el Valle Sagrado como para otras regiones del imperio.
Se cree que las terrazas concéntricas se usaron para aclimatizar plantas exóticas a condiciones locales; se han hallado semillas fosilizadas y algunas todavía viables.
Tras la conquista española, el sitio fue abandonado, quedó cubierto de vegetación y fue redescubierto en 1931 por la expedición de Robert Shippee y George Johnson, que sobrevoló la zona.
Teorías y controversias
Diversas hipótesis intentan explicar su origen: Victor Angles propone que, ante la escasez de tierras cultivables, los incas excavaron enormes surcos para calentar el suelo y sembrar maíz. John Earls sugiere que los monolitos marcaban los límites de las sombras al atardecer durante equinoccios y solsticios, y que las terrazas replican las zonas térmicas del imperio. Otros piensan que el lugar pudo haber sido una mina a cielo abierto que, una vez agotadas sus paredes, se reutilizó para la agricultura.
Situación actual
Las intensas lluvias de 2010 provocaron el colapso de partes de las terrazas, lo que obligó a iniciar trabajos de restauración que aún no se han completado. A pesar de ello, Moray sigue siendo una de las principales atracciones turísticas del Valle Sagrado.