Treinta años después de su hallazgo, los arqueólogos afirman haber descifrado el enigma de las calaveras enmascaradas aztecas encontradas en el Templo Mayor de la antigua Tenochtitlán.

Ofrendas macabras. Un conjunto de ocho cráneos perforados, únicos en México, fueron desenterrados entre los restos del Templo Mayor. Durante años, los investigadores se preguntaron quiénes fueron las víctimas transformadas en ofrendas sacrificiales y por qué sus cráneos fueron modificados: se les retiraron partes óseas, se perforaron las cavidades nasales con sílex y se reemplazaron los ojos por incrustaciones de concha y pirita. A su lado se hallaron unas treinta calaveras decapitadas sin alteraciones.
Nuevo estudio revela su origen
En un artículo reciente de Current Anthropology, el antropólogo Corey S. Ragsdale (Universidad de Montana) presenta los resultados de análisis de ADN, datación por radiocarbono y examen dental. Las ocho calaveras enmascaradas pertenecían a guerreros aztecas derrotados en las llamadas guerras floridas (flower wars) que se libraban entre el Imperio y sus rivales.
Los cráneos provienen del santuario dedicado a Huitzilopochtli, dios de la guerra y del sol, situado en la parte superior del templo. Allí se realizaban los sacrificios rituales antes de arrojar los cuerpos por las escaleras del monumento.
Fecha y rango social
Los análisis sitúan los sacrificios en el reinado de Axayácatl (1469‑1481). Comparando los ocho cráneos modificados con 127 cráneos sin alterar, se comprobó que los primeros pertenecían a guerreros de élite, mientras que los segundos mostraban signos de patologías, desgaste dental y estrés nutricional, indicativos de un origen social más humilde.
La edad de todas las víctimas, modificadas o no, oscila entre 30 y 45 años y la mayoría eran hombres. El estudio dental sugiere que provenían de distintas regiones: el occidente de México, la costa del Golfo y el Valle de México.
Sacrificios humanos en el Templo Mayor

Ilustración del sacrificio del Códice Magliabechiano, manuscrito azteca del siglo XVI.
El sacrificio humano era esencial en la cosmovisión azteca y también una herramienta de dominio sobre poblaciones vencidas. Se practicaban decapitaciones, extracción del corazón y desmembramientos. Las estimaciones tradicionales hablan de miles de víctimas al año, aunque algunos especialistas, como el profesor Eric Taladoire (Universidad de París‑1), consideran que esas cifras están infladas por interpretaciones erróneas.
La “guerra florida”
El término “guerra florida” proviene del náhuatl Xochiyaoyotl y se refiere a los enfrentamientos ritualizados entre los mexicas y sus enemigos —principalmente Tlaxcala y otras ciudades de la cuenca del Valle de México—. Estas guerras estaban estrictamente codificadas y su principal objetivo era capturar prisioneros para ofrecerlos a los dioses.