Hallazgos principales
Un equipo de buzos de la Guardia Financiera de Palermo, en colaboración con la Superintendencia del Mar, recuperó en la zona de Gela, en la costa sur de Sicilia, 47 lingotes de oricalco, dos cascos corintios y varias ánforas. Los objetos yacían en el lecho marino durante unos 2 500 años, cerca de la antigua colonia griega de Gela.
Los lingotes varían entre 254 g y 1 340 g y miden entre 17 cm y 32 cm de longitud. Junto a ellos se encontraron tablas de madera que indican el naufragio de un buque mercante.
Los buzos que descubrieron los lingotes y los cascos corintios. © Corriere del Mezzogiorno
El mito de la Atlántida y el oricalco
En los diálogos Timaeus y Critias, Platón describe la Atlántida, una civilización que utilizaba el oreikhalkos ("cobre de montaña"), un metal más valioso que el oro. Algunos investigadores relacionan esa descripción con la destrucción de Santorini en 1630 a.C., mientras que otros la sitúan en las Azores o cerca de Gibraltar.
El lugar del naufragio donde se descubrieron los lingotes de oricalco. © Corriere del Mezzogiorno.
Oricalco en la Antigüedad
En la Roma imperial, el término "oricalco" se empleaba para referirse al latón usado en la acuñación de sestercios bajo Augusto (desde 23 a.C.). Monedas con tono dorado similares fueron halladas también entre los arvernos de la Galia, datadas en la segunda mitad del siglo I a.C.
Entre 1861 y 1865 se recuperaron seis piezas de oricalco en el sitio de la batalla de Alesia, dos de ellas vinculadas a Vercingétorix. Según la investigadora Silvia Nieto‑Pelletier, el oricalco de la época se obtenía mediante cementación: cobre fundido en contacto con mineral de zinc y carbón, lo que confería al aleado un color amarillento muy parecido al oro.
Composición química de los lingotes
En 2016, análisis de fluorescencia de rayos X realizados a los primeros lingotes descubiertos confirmaron que estaban compuestos principalmente por cobre (≈80 %) y zinc (≈20 %), con trazas de plomo, níquel e hierro. Por tanto, el oricalco es una aleación, no un metal puro, pero su brillo y rareza alimentaron el mito que ha perdurado durante siglos.
*Referencia: "Arverni Coins (Vercingetorix)" en Orichalcum, Silvia Nieto, Numismatic Review, vol. 160, 2004.