Un modelo a escala de una biga romana del siglo I d.C., conservado en el British Museum de Londres, ha revelado un detalle constructivo que podría explicar cómo los conductores evitaban que sus carros se salieran de la pista.
El hallazgo del modelo
El mini‑modelo, descubierto en el Tíber en 1894, muestra una biga de bronce con dos caballos. El auriga y una de las ruedas faltan, pero la rueda derecha conserva una banda de hierro que no está presente en la izquierda.
Según Bela Sándor, profesor emérito de ingeniería física de la Universidad de Wisconsin, esa banda de hierro reforzaba la rueda derecha, permitiendo al conductor soportar la carga extra que se generaba al girar.
Una ventaja del 80 %
En un artículo del Journal of Roman Archaeology, Sándor propone que este refuerzo aumentaba en un 80 % las probabilidades de victoria, pues facilitaba la orientación del carro en las curvas anti‑horarias del circo. Evitar el "naufragium", es decir, la caída del carro, era vital para no morir aplastado o arrastrado por los caballos.
Contexto de las carreras
Los circos romanos, como el Circus Maximus (capacidad para 150 000 espectadores) o el de Constantinopla, albergaban carreras de bigas (dos caballos) y cuadrigas (cuatro caballos). Los conductores, ídolos del público, arriesgaban su vida en cada vuelta.
Fabricia Fauquet, ingeniera de investigación del laboratorio INAMA, señala que el refuerzo unilateral podría ser sólo una de varias soluciones técnicas adoptadas para mejorar la estabilidad.
Trabajo experimental y reconstrucciones
Fauquet se basa en la arqueología experimental de Jean Spruytte, quien ha reproducido a escala real carretas egipcias, griegas y romanas. Sus pruebas confirman que los modelos de carreras eran muy ligeros, a diferencia de los pesados carros de guerra que aparecen en películas como Ben‑Hur.
En una cuadriga, los cuatro caballos estaban dispuestos en dos pares. El auriga dirigía frontalmente y, al aproximarse a la curva, soltaba al caballo izquierdo para que el resto girara con mayor facilidad. Cada animal tenía un rol específico, lo que sugiere que los detalles de las ruedas podían variar según la posición del caballo.
Desarrollo de la carrera
Doce equipos, cada uno representado por una facción de color (blanco, azul, rojo o verde), partían de caballeros asignados a una “puerta de salida”. Tras la señal visual del editores (una toalla blanca) y la señal sonora, los portones se abrían simultáneamente y los carros avanzaban sin poder adelantar hasta pasar la “spina”, una barrera central.
La carrera constaba de siete vueltas. Al cruzar la meta, el auriga tenía entre 100 y 200 m para frenar los caballos a toda velocidad.
En conclusión, el refuerzo de una sola rueda con una banda de hierro parece haber sido una solución ingeniosa que aumentó la seguridad y la competitividad de los carros de carreras romanos.