Un vistazo al Codex Borbónico
Un equipo de paleógrafos franceses analizó el Codex Borbónico y reveló las técnicas sofisticadas que los aztecas empleaban para obtener rojos y azules intensos, capaces de atravesar los siglos.
Los químicos identificaron los materiales orgánicos que forman cada pigmento del manuscrito. Aquí una facsímil.
El mundo ilustrado del códice
Son cientos de deidades, criaturas fantásticas y seres humanos representados en el marco de ceremonias rituales. Este es el universo ilustrado del Codex Borbónico, un valioso calendario solar y adivinatorio azteca compuesto por 36 láminas de corteza. Conservado desde 1826 en la biblioteca del Palais‑Bourbon, en París, el códice acaba de revelar los secretos de fabricación de sus deslumbrantes colores.
Cómo se estudiaron los pigmentos
Para caracterizar mejor los pigmentos, el equipo de Fabien Pottier (Centro de Investigación en Conservación del Museo Nacional de Historia Natural) utilizó diversas técnicas de espectroscopía, un proceso no invasivo que protege las piezas más frágiles. “Consiste en dirigir radiación (X, UV, visible o infrarroja) sobre la superficie y captar el haz reflejado. Las características de ese haz permiten deducir las propiedades de los materiales”, explica Pottier.
Estos datos se compararon con tintes extraídos de distintas plantas descritas en el Codex Florencia, la verdadera enciclopedia del mundo azteca compilada por el franciscano Bernardino de Sahagún en el siglo XVI. El resultado: “Todos los materiales usados para producir el manuscrito ya eran empleados tradicionalmente por los mesoamericanos antes de la llegada de los españoles”, afirma Pottier. Entre los más conocidos están la cochinilla, un insecto que produce el rojo, y el árbol local de índigo (Indigofera suffruticosa), que brinda el azul.
La química detrás del color
Según Élodie Dupey García, doctora en historia de las religiones (Universidad Nacional Autónoma de México), “el Codex Florencia muestra cómo los tintes orgánicos se transformaban en lakes o pigmentos híbridos”. La técnica consistía en fijar las sustancias orgánicas sobre un sustrato metálico o mineral. En el caso del Borbónico, se añadió una arcilla especial (palygorskita) al índigo; al calentarse, la mezcla producía el famoso “azul maya”. Por otro lado, la adición de alumbre al extracto de cochinilla permitía obtener un lacado que estabiliza el color con el tiempo.
“Gracias a esta técnica, el color de las pinturas se ha mantenido estable a lo largo de los siglos”, concluye Pottier. El siguiente paso de su equipo será “estudiar esa estabilidad para proponer condiciones óptimas de almacenamiento del códice”.
Por Laureen Bouyssou