Descubrimientos arqueológicos

Guerras y plagas: la huella de plomo del Imperio Romano en los hielos de Groenlandia

La contaminación por plomo del Imperio Romano fue detectada en las capas de hielo de Groenlandia.

Guerras y plagas: la huella de plomo del Imperio Romano en los hielos de Groenlandia

Análisis de una muestra de núcleo de hielo extraída en Groenlandia, realizado en el laboratorio del Desert Research Institute (DRI) en Reno, Nevada.

Al igual que el plástico en los océanos del siglo XXI, la contaminación por plomo generada por la civilización romana también terminó en el Ártico. Las cantidades atrapadas en el hielo permiten una lectura extraordinariamente detallada. Los resultados, publicados en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), se obtuvieron modelando las mediciones de emisiones antiguas de plomo encontradas en los núcleos de hielo.

El proyecto y sus protagonistas

El estudio está liderado por Andrew I. Wilson, arqueólogo especializado en la economía romana de la Universidad de Oxford (Reino Unido). Wilson se asoció con Joseph R. McConnell, experto en análisis de muestras de hielo profundo del Desert Research Institute, para investigar perforaciones de hielo obtenidas por el NGRIP (North Greenland Ice Core Project) en Groenlandia. Se analizaron secciones que abarcan desde 1100 a.C. hasta 800 d.C., cubriendo toda la Antigüedad romana. Las concentraciones de plomo retenidas en el agua de los núcleos fueron medidas con espectrómetros de masas. Los autores concluyen: «Las emisiones de plomo aumentaron durante la expansión de las minas romanas y cartaginesas, sobre todo en la Península Ibérica, alcanzando su máximo bajo el Imperio».

Yann Le Bohec, historiador especializado en Roma y profesor emérito de la Universidad de París‑Sorbonne, comentó: «Los datos reflejan sorprendentemente la línea de tiempo histórica. Las emisiones de plomo crecen notablemente en épocas de paz y prosperidad, como el periodo de 27 a.C. a 180 d.C., y disminuyen en momentos de crisis». Así, se observa una caída entre 235 y 284 d.C., cuando el Imperio se tambalea frente a las invasiones bárbaras, y otra en 476 d.C., con la caída del Imperio Romano de Occidente. Regresiones pronunciadas también pueden asociarse a las dos grandes epidemias del siglo II y III: la peste de Antonino (165 d.C.) y la de Cipriano (251‑260 d.C.).

Uso del plomo en la Roma antigua

«El plomo era ampliamente empleado por los romanos, tanto para la fabricación de tuberías y cañerías como para la acuñación de moneda», explica el historiador. Durante periodos inflacionarios, la plata se sustituyó por plomo, y las monedas «se bañaban» con una fina capa de plata. Dado que los depósitos de plata nativa son escasos, la extracción se centró en minerales de plomo argentífero. El proceso de separación de plata y plomo, así como la fundición a altas temperaturas (≈1200 °C), generaba grandes emisiones de plomo a la atmósfera.

Guerras y plagas: la huella de plomo del Imperio Romano en los hielos de Groenlandia

Arrastradas por los vientos y depositadas como nieve sobre Groenlandia, esas partículas quedaron atrapadas en el hielo. Andrew I. Wilson declaró al New York Times: «No diría que la gráfica de contaminación por plomo refleja el PIB exacto de Roma, pero es probablemente el mejor indicador global de su salud económica que tenemos hasta ahora». El investigador ahora busca localizar con mayor precisión las fuentes de esa contaminación, particularmente en la Península Ibérica, como las minas de Río Tinto en España, explotadas tras las conquistas romanas de Cantabria y Asturias.