Descubrimientos arqueológicos

Descubren un caso raro de nacimiento postmortem en una tumba medieval

En 2010, en Imola, cerca de Bolonia (Italia), un equipo de arqueólogos desenterró una tumba del periodo lombardo (siglos VI‑VII d.C.) que contenía el esqueleto de una mujer y, entre sus piernas, los huesos de un feto.

El feto, de 38 semanas de gestación, estaba atrapado parcialmente entre los huesos pélvicos de la madre, como si el parto se hubiera interrumpido en el momento de la muerte.

Gases de descomposición que provocan la expulsión del bebé

Cuando una mujer embarazada fallece, los gases producidos por la descomposición pueden acumularse en la cavidad abdominal. Tras dos a cinco días, la presión de esos gases puede expulsar al feto del útero, un fenómeno conocido como “nacimiento en ataúd” o “expulsión fetal postmortem”. En la actualidad es raro, pero sigue observándose en medicina forense y, como aquí, en arqueología.

El análisis de los restos permitió reconstruir las circunstancias de la muerte de la madre. En la parte superior de su frente se observó un agujero circular de unos 5 mm, evidencia de una trepanación. Este procedimiento, que consiste en perforar el cráneo, se practicaba ya en el Neolítico y era utilizado en la Italia lombarda.

Descubren un caso raro de nacimiento postmortem en una tumba medieval

El cráneo de la madre muestra señales de trepanación. Pasini et al./World Neurosurgery

Los rastros de curación alrededor de la perforación indican que la mujer sobrevivió al procedimiento. Los investigadores plantean que la trepanación no fue la causa de su muerte, sino que estuvo relacionada con una posible eclampsia —una crisis convulsiva provocada por hipertensión durante el embarazo. En la época, la trepanación se usaba para aliviar la presión intracraneal, por lo que podría haberse intentado tratar la hipertensión gestacional.

Sin embargo, la eclampsia es mortal si no se interrumpe el embarazo; el aborto era la única cura conocida. La mujer falleció aún embarazada y, tras su descomposición, el feto fue expulsado naturalmente en la tumba.

Este hallazgo no solo aporta una visión única de la medicina lombarda del siglo VII, sino que también ilustra cómo los procesos naturales de descomposición pueden “dar a luz” incluso después de la muerte.

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