Descubrimientos arqueológicos

Hallada en Narbona una necrópolis romana excepcional

El hallazgo de una necrópolis romana en Narbona, en el departamento de Aude, constituye un descubrimiento único en Francia.

Hallada en Narbona una necrópolis romana excepcional

«A Festus, 10 años, y a Aquila, 8, Iulia Protogenia a sus amados». Casi dos mil años después, la inscripción funeraria grabada en una losa de mármol revela el dolor de una madre romana. Datada entre los siglos I y III d.C., la inscripción ha sido calificada como "excepcional" por Dominique García, director del INRAP (Instituto Nacional de Investigación Arqueológica Preventiva).

Con una superficie cercana a los 5.000 m², la necrópolis podría albergar hasta mil tumbas. Su excelente estado de conservación se debe a los sedimentos depositados por una rama del río Aude que, al cubrirla cuando quedó abandonada, la protegió. «Esto nos brinda un sitio estratificado, con capas de hasta 3 m de espesor», celebra Valérie Bel, directora de las excavaciones. Gracias a este «millefeuille» arqueológico, diferente de los «yacimientos de tumbas" que suele estudiar, espera reconstruir la completa secuencia de los ritos funerarios.

Según el director García, la necrópolis ofrece una visión rara del panorama de creencias, rituales y formas de vida de los romanos que habitaban Narbo Martius, la primera colonia romana de la Galia, fundada en el 118 a.C.

Una instantánea de la romanidad

En el apogeo del Imperio tardío, la ciudad era, a comienzos de nuestra era, un importante centro de comercio entre el Mediterráneo y el Atlántico. Allí se reflejan claramente las costumbres y normas romanas, impuestas de forma voluntaria y casi ex‑nihilo, según García.

Los enterrados no pertenecían a la élite. La mayoría eran libertos y esclavos, como indican los epítafios, señala Maxime Guillaume, del INRAP‑Occitania.

Aun así, muchos habían alcanzado cierto estatus social, probablemente a través del comercio, lo que se evidencia en la frecuente presencia de ánforas griegas entre los hallazgos.

Entre los objetos más singulares se encuentran una serie de "tubos de libación", fragmentos de ánforas reutilizados para ofrecer alimentos, perfumes, aceites y pequeños objetos a los difuntos.

En el sitio todavía se observan urnas funerarias intactas, una de ellas plantada directamente sobre un tubo de libación, y restos de hogueras carbonizadas frente a otras tumbas, indicios de comidas fúnebres realizadas recientemente.

Hasta el momento se han excavado alrededor de cien tumbas, agrupadas –a veces superpuestas– en recintos que parecen corresponder a familias o gremios, según Marie Rochette, responsable del sector. El suelo está salpicado de conchas, testimonio de rituales alimentarios.

Un legado para el futuro museo

La mayoría de los fosiles albergan urnas funerarias, pues la cremación era la práctica predominante, salvo en el caso de niños pequeños que fueron enterrados. Junto a los restos se hallaron pequeñas vasijas de terracota, probablemente con aceite o alimentos, algunas botellas de vidrio y lámparas de aceite, «elementos que marcan la inversión ritual entre día y noche, vida y muerte», explica Bel.

También se encontraron amuletos, como un pequeño colgante fálico de oro, y una botellita de terracota para bebés.

Los arqueólogos denominan este espacio el "barrio funerario", pues su organización es más informal que la de los cementerios modernos. Fue descubierto durante las excavaciones preventivas realizadas para la construcción de una vivienda en las afueras de Narbona.

Lo que debía ser una obra de cuatro meses se ha prolongado hasta el verano próximo, con un presupuesto de seis millones de euros, debido al gran interés del sitio.

Además, por casualidad –o "regalo de los dioses", como diría un arqueólogo– la necrópolis está situada junto al futuro museo que la región planea dedicar a la Romaní­a Narbonense. Los hallazgos enriquecerán sus colecciones antes de que el terreno sea devuelto a los promotores y cubierto nuevamente.