L'Anse aux Meadows, en el norte de Terranova, es el único sitio indiscutible que prueba la presencia europea en América antes de la llegada de Colón. Sin embargo, un nuevo estudio sugiere que la ocupación vikinga allí pudo haber sido mucho más prolongada.

Mucho antes de que el genovés Cristóbal Colón pisara el continente (1492), los vikingos ya habían llegado al menos 500 años antes. Descubierto en la década de 1960, L'Anse aux Meadows reveló ocho viviendas idénticas a las que los navegantes escandinavos construían simultáneamente en Islandia y Groenlandia. Los investigadores noruegos Helge y Anne Stine Instad catalogaron alrededor de cien artefactos —clavos y remaches de hierro, una piedra de afilar, un broche de bronce y una pequeña forja—, lo que llevó a concluir que la colonia vikinga duró unos treinta años.
Ese consenso quedó bajo revisión tras la publicación, el 15 de julio de 2019, de un artículo en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS). El estudio, dirigido por Paul M. Ledger de la Memorial University of Newfoundland, analizó restos de un turba ubicado a 30 metros al este del sitio Patrimonio Mundial de la UNESCO. Según los resultados de datación por radiocarbono y el modelado bayesiano de los datos, la presencia nórdica podría extenderse hasta finales del siglo XII o principios del XIII, es decir, más de un siglo después de lo que se había estimado.
Revisión de los núcleos de sedimento
En agosto de 2018, los investigadores extrajeron restos de plantas y animales de muestras de turba para realizar análisis paleoambientales. Los resultados mostraron evidencia inesperada de actividad humana: una "capa cultural" de barro pisoteado, madera, carbón, polen, residuos orgánicos abundantes e insectos.
Especies no autóctonas como pista
Entre los hallazgos destacan Aciota quadrata (Zetterstedt), una especie de escarabajo nunca antes registrada en Terranova, y Simplocaria metallica (Sturm), conocida únicamente de Groenlandia. Los autores argumentan que la densidad y composición de estos microfósiles difieren de las ocupaciones indígenas locales (beothuk y dorset) y se asemejan a los sedimentos de asentamientos nórdicos bien documentados en Groenlandia e Islandia.
Los científicos subrayan que, aunque "las capas de turba no son tan llamativas como un broche de bronce o una punta de proyectil tallada, abren nuevos horizontes para examinar el legado ambiental de los movimientos inter‑ e intra‑continentales antes de 1492".
En conjunto, los rastros materiales sugieren la existencia de una pequeña comunidad escandinava con ocupación intermitente del sitio desde el siglo XI. ¿Podría L'Anse aux Meadows haber sido el punto de partida de exploraciones marítimas más amplias en el Atlántico Norte? Esa cuestión sigue sin resolverse.