Hasta finales del siglo XV, los iluminadores medievales utilizaban un tinte azul‑violeta de gran intensidad llamado folium. Tras desaparecer de los tratados de color del siglo XVI, el pigmento quedó en el olvido. Recientes análisis de manuscritos han permitido a científicos portugueses identificar sus componentes y reproducir su fórmula.

En la Edad Media, los monjes solían recurrir al índigo vegetal para lograr un azul profundo, pero también empleaban folium, un color menos conocido que se extraía de la planta Chrozophora tinctoria (familia Euphorbiaceae).
Recetas de tintes medievales
El enigma de la composición del folium motivó a un equipo de la Universidad Nova de Lisboa a explorar textos antiguos. Entre ellos, encontraron un manuscrito del siglo XV titulado «El libro de cómo se hacen todas las colores para iluminar los libros», escrito en judeo‑portugués con caracteres hebreos. Ese documento describía detalladamente la planta mediterránea utilizada para el pigmento.

La obra reveló que la Chrozophora tinctoria crece en suelos secos y calcáreos, en los bordes de cultivos, y que sus frutos, formados por tres cápsulas, eran la fuente del tinte.
Rastreando la Chrozophora tinctoria
Guiados por la descripción del manuscrito, los investigadores, bajo la dirección de la botánica Adelaïde Clemente, localizaron la planta en julio de 2016 cerca de Monsaraz, en el sur de Portugal. Tras llevarla al laboratorio, analizaron su estructura molecular y descubrieron una nueva sustancia: la chrozoforidina. Esta molécula, diferente tanto de las antocianinas como del índigo, era la responsable del azul intenso del folium.

Los frutos de la planta fueron procesados siguiendo la receta medieval, que consistía en macerar los frutos en agua y absorber el extracto en trozos de tela de cáñamo. Estas piezas coloreadas se transportaban a los scriptorios, donde los monjes las rehidrataban, mezclaban con un aglutinante y aplicaban el pigmento sobre el pergamino.

Uso y legado del folium
El pigmento se empleó ampliamente en iluminaciones religiosas y se mantuvo en producción hasta el siglo XIX en la región de Gallargues‑le‑Montueux, en el sur de Francia, donde se utilizaba para colorear quesos destinados al mercado holandés.
Hoy, gracias a la combinación de investigación histórica y química moderna, el folium ha recuperado su lugar en la historia del arte, ofreciendo una ventana única a los métodos y materiales de los iluminadores medievales.