La desaparición de Alejandro Magno, a los 32 años, sigue siendo un misterio; su cuerpo nunca fue hallado.

Retrato de Alejandro Magno (356-323 a.C.)
Rey a los 19 y conquistador del mundo a los 28, esa breve frase resume la vida de Alejandro Magno. Sin embargo, su muerte y desaparición a los 32 años permanecen sin explicación clara, pues nunca se encontró su cadáver. Los historiadores se basan en textos escritos varios siglos después para intentar reconstruir los últimos días del gran conquistador.
Comportamiento de riesgo
Según los relatos, Alejandro falleció en Babilonia (actual Irak) el 13 de junio de 323 a.C., después de una fiebre que habría durado dos semanas. ¿Malaria? ¿Envenenamiento? ¿Una epidemia de gripe aviar? La respuesta más plausible podría estar en su estilo de vida frenético.
Para Philippe Charlier, antropólogo forense, «El comportamiento arriesgado de Alejandro explica, más que nada, esta muerte en la plenitud de su vida». No se trata solo de las heridas de guerra o del estrés de la conquista; el vasto imperio que fundó —desde las costas del mar Egeo hasta el Indo, y desde el Oxus hasta el Valle del Nilo— expuso su cuerpo a innumerables parásitos y agentes infecciosos.
«Sin mencionar las enfermedades de transmisión sexual contraídas con sus amantes, o las fiebres hemorrágicas», añade el patólogo. «Los constantes desplazamientos geográficos, sumados a un probable alcoholismo crónico por sus frecuentes banquetes, debieron debilitar hígado y riñones, provocando una insuficiencia multiorgánica» (nota del editor). «Nuestro mundo sanitizado nos impide imaginar la crudeza de la vida hace 2 300 años».
Este artículo proviene de la edición especial n.º 194 de la revista Sciences et Avenir, titulada “Crímenes y Castigos”, publicada entre julio y agosto de 2018.