Un equipo internacional de arqueólogos liderado por Lyn Wadley (Universidad de Witwatersrand, Johannesburgo) descubrió en la cueva Border, situada en los escarpados Montes Lebombo de Sudáfrica, el lecho más antiguo jamás hallado. Se trata de restos fosilizados de hojarasca vegetal, dispuestos en capas alternas con ceniza, que datan de unos 200 000 años. El récord anterior era una cama de 77 000 años encontrada en el sitio de Sibudu, también en Sudáfrica.

Los restos consisten en haces de plantas pertenecientes a la subfamilia Panicoideae (gramíneas de hoja ancha que aún crecen en la zona) combinados con hojas de alcanfor, conocidas por sus propiedades repelentes de insectos.
Este artículo se basa en la edición n.º 884 de Sciences et Avenir‑La Recherche, disponible en los quioscos en octubre de 2020.
Construcción comparable en dos yacimientos
En Sibudu, el lecho estaba formado por capas superpuestas de juncos y cañas de pantano, cubiertas con hojas aromáticas de efecto insecticida. En Border Cave, los habitantes utilizaban mayoritariamente haces de Panicoideae, adornados con hojas de alcanfor, creando una superficie vegetal que también servía como barrera contra parásitos.
En ambos casos el fuego jugó un papel esencial: las alfombras vegetales se quemaban periódicamente, probablemente por razones higiénicas, y la ceniza resultante se empleaba como aislante térmico y como protección contra insectos y garrapatas. En Border Cave, la ubicación de los distintos estratos junto a los hogares situados al fondo de la cueva indica que los habitantes quemaban la hojarasca usada y luego la cubrían con una nueva capa de hierbas.
Habilidades cognitivas y sociales complejas
Según Lyn Wadley, publicada en la revista Science, el uso del fuego en Border Cave supera las funciones tradicionales (iluminación, calefacción, cocción, defensa contra depredadores) que los humanos dominaban hace 400 000 años. La quema de la hojarasca evidencia “el mantenimiento del campamento, lo que prolonga la duración de la ocupación del lugar”.
Esta práctica revela que, hace 200 000 años, los cazadores‑recolectores nómadas ya eran capaces de proteger sus refugios de parásitos mediante el control del fuego y el conocimiento de plantas medicinales, demostrando habilidades cognitivas y sociales avanzadas para la época.