Gilles Dorronsoro, especialista en Afganistán desde 1988 y profesor de Ciencia Política en la Universidad Paris‑1 Panthéon‑Sorbonne, lidera un programa europeo sobre la dinámica de las guerras civiles. Regresó a Afganistán cuando las tropas occidentales se retiraban, convencido de que la intervención estaba condenada al fracaso desde el inicio.
Sciences et Avenir: Tras veinte años de guerra, el último soldado estadounidense abandonó el territorio afgano el 30 de agosto de 2021. ¿Es realmente Afganistán "el cementerio de los imperios"?
Gilles Dorronsoro: Esa frase, más de un cliché, surgió después de tres invasiones occidentales del siglo XIX en adelante: la británica, la soviética y la estadounidense. Sin embargo, no se puede comparar la naturaleza de cada una, y se olvida que Afganistán ya había sido parte de varios imperios antes de ellos.
Desde Alejandro Magno (siglo IV a.C.) hasta los kushanes (siglo IV d.C.), pasando por los gaznávidas (siglo X) y los timúridas (siglos XIV‑XVI), la región ha sido gobernada por distintas dinastías que mantuvieron contactos con Roma, Persia, China y otras potencias.
Mosaico romano que representa a Alejandro Magno, quien entró en Afganistán con sus tropas entre 329‑327 a.C. Créditos: Diego Cupolo / Nur Photo / AFP
Lo que realmente ha marginado a Afganistán es el enorme coste que su geografía impone a las grandes potencias. Más de 2.000 mil millones de dólares en veinte años de guerra estadounidense demuestran que la ocupación era insostenible; por eso se prefirió una solución negociada.
«En veinte años, más de 60 000 soldados afganos murieron luchando contra los talibanes»
¿Y el «Gran Juego»?
La primera guerra anglo‑afgana (1839‑1842) terminó en desastre para Gran Bretaña, pero no cambió la dinámica de la región. La segunda guerra (1878‑1880) formó parte del enfrentamiento con Rusia por la influencia en Asia Central, conocido como el "Gran Juego". En 1880 Afganistán quedó bajo control británico, y en 1919 logró su independencia.
Para la Unión Soviética y, posteriormente, para Estados Unidos, Afganistán dejó de ser un objetivo estratégico que justificara inversiones multimillonarias, lo que llevó al retiro de las fuerzas internacionales, solicitado también por los propios afganos en 2014. La idea de que es un "cementerio de imperios" simplifica la realidad y sirve para exonerar el fracaso occidental.
En 2021 publicaste El Gobierno Transnacional de Afganistán. Una Derrota Previsible. ¿Por qué describiste la presencia extranjera como una derrota inevitable?
La invasión se caracterizó por improvisación, incoherencia y desconocimiento profundo de la sociedad afgana. Tres factores clave:
- El Occidente no tomó en serio al Talibán, subestimándolo como un grupo fragmentado y tribal, cuando en realidad buscaba restablecer un Estado.
- La reconstrucción estuvo dominada por el sector privado, con políticas decididas en el exterior y ejecutadas sin coordinación, favoreciendo a grandes compañías occidentales y a élites locales.
- El uso indiscriminado de la violencia – incursiones nocturnas, bombardeos, drones – generó terror entre la población, que demandaba estabilidad bajo el Estado de derecho.
¿Cuándo percibiste este giro?
En diciembre de 2001 advertí, en Culture et Conflits, que los afganos elegidos por EE. UU. para ejercer el poder eran figuras cuestionables, como el excaudillo Abdul Rashid Dostum, lo que dificultaría la construcción de un Estado. Ya en 2002 señalé la reaparición del neo‑Talibán.
«ISIS‑K está formado por militantes paquistaníes radicales y grupos escindidos del Talibán»
En 2014, tras la proclamación del califato por Abu Bakr al‑Baghdadi en Mosul, una célula de militantes paquistaníes y algunos afganos fundó el Estado Islámico en Jorasán (IS‑K), también conocido como ISIS‑K o Daesh‑K. Este grupo compite tanto con los talibanes como con Al‑Qaida.
¿En qué se diferencian Talibán, Al‑Qaida e ISIS?
El Talibán es un movimiento nacionalista y fundamentalista que busca un emirato afgano bajo una interpretación rígida del Islam, pero reconoce la ONU y las fronteras internacionales. Al‑Qaida es una organización transnacional, mayormente árabe, que se alió con el Talibán. ISIS, por su parte, se separó de Al‑Qaida y se centra en la lucha anti‑chií, con un programa genocida que ha atacado hospitales, escuelas y barrios chiítas.
¿Los talibanes actuales son más populares que los de Mullah Omar?
El llamado "neo‑Talibán" ha adoptado una retórica más moderada, pretende volver a una constitución similar a la de antes y muestra mayor apertura a la tecnología y a la diplomacia internacional. Sin embargo, su compromiso con los derechos humanos sigue siendo incierto.
Wang Yi, Consejero de Estado y Ministro de Relaciones Exteriores de China, se reúne con el líder talibán Mullah Abdul Ghani Baradar en Tianjin, 28 de julio de 2021. Créditos: Li Ran / Xinhia / AFP
«Mullah Baradar, el principal negociador con EE. UU.»
Baradar, cercano a Mullah Omar, pasó años en Pakistán y luego en Doha, donde se convirtió en el interlocutor preferido de Washington para las negociaciones de paz.
¿Cómo ves el futuro?
Dos escenarios posibles: uno positivo, con un diálogo que lleve a la moderación talibán a cambio de ayuda económica internacional; y otro negativo, con una radicalización que convierta a Afganistán en una base segura para grupos extremistas.
Entrevista realizada por Bernadette Arnaud.