Descubrimientos arqueológicos

Champollion, el conquistador de los jeroglíficos

Una estela negra encontrada durante la campaña egipcia se convirtió en la clave para descifrar los misteriosos jeroglíficos. El joven erudito Jean‑François Champollion dedicó su vida a desentrañar esos símbolos, y su éxito permitió el nacimiento de la egiptología.

Champollion, el conquistador de los jeroglíficos

Retrato de Jean‑François Champollion (1790‑1832), egiptólogo francés y descifrador de los jeroglíficos. Pintura de Léon Cogniet (1794‑1880). Museo del Louvre.

Artículo original de la revista Sciences et Avenir – Les Indispensables n.º 206, julio/septiembre 2021.

La campaña egipcia y la creación del Instituto de Egipto

En 1798, Napoleón Bonaparte lanzó la campaña egipcia con el objetivo de añadir una dimensión científica a su expedición militar. Reunió a 160 académicos y, el 20 de agosto, fundó el Instituto de Egipto en El Cairo para “fomentar el progreso y la difusión de la Ilustración en Egipto”. Tres días después presidió su primera reunión.

El hallazgo de la piedra de Rosetta

Un año después, el teniente Pierre Bouchard, al renovar la fortaleza de la ciudad de Rosetta (Rashid) en el delta del Nilo, descubrió una gran estela negra con inscripciones en tres escrituras: jeroglíficos en la parte superior, griego en la inferior y demótico —una forma simplificada del egipcio antiguo— en el centro.

Según Dominique Valbelle, profesor emérito de Egiptología de la Sorbona, el anuncio inicial pasó casi desapercibido, aunque los especialistas reconocieron rápidamente la excepcionalidad del objeto y comenzaron a estudiarlo. Sin embargo, la complejidad de los jeroglíficos, que combinan valores fonéticos y figurativos, hizo que los primeros intentos de traducción dieran pocos resultados.

En 1800 se envió una copia de las inscripciones al Institut de France en París. Al año siguiente, tras la derrota francesa, la piedra original fue entregada a los británicos y pasó al Museo Británico, donde aún se exhibe.

Una carrera de veinte años para descifrarla

Mientras el texto griego se tradujo rápidamente, el jeroglífico y el demótico permanecieron indescifrados. El orientalista francés Isaac Silvestre de Sacy identificó nombres propios en el demótico; el sueco David Akerblad y el físico inglés Thomas Young lograron descifrar algunos signos, pero el misterio persistía.

En 1808, a los 18 años, el prodigioso Jean‑François Champollion comenzó a estudiar la piedra. Su dominio de lenguas antiguas y orientales le permitió avanzar donde otros habían fracasado.

El momento decisivo de Champollion

El 27 de septiembre de 1822, Champollion comunicó a la Academia Francesa que había encontrado la clave para descifrar el sistema de escritura: “Todo a la vez figurativo, simbólico y fonético en el mismo texto, en la misma frase, incluso en la misma palabra”. Gracias a su tenacidad y a su vasta cultura, la egiptología despegó.

Champollion, el conquistador de los jeroglíficos

La piedra de Rosetta, descubierta en 1799 durante la campaña egipcia y descifrada veinte años después, está grabada en tres lenguas: jeroglíficos, demótico y griego antiguo. Crédito: GAMMA RAPHO