Antiguo anuncio de la pasta de dientes Colgate
Los primeros intentos
Desde tiempos prehistóricos, el ser humano se preocupó por su higiene bucal por motivos de salud. Sin productos especializados, utilizaba lo que tenía a mano.
Incluso los hombres primitivos “cepillaban” sus dientes. La “pasta” estaba compuesta de arena, aprovechando su capacidad abrasiva, y el “cepillo” era simplemente el dedo, con el que se frotaba la arena sobre los dientes.
Egipto
Los egipcios, una civilización avanzada, fueron de los primeros en emplear una mezcla más sofisticada: una preparación a base de sal, pimienta, hojas de menta e iris, que limpiaba y refrescaba la boca.
Roma
Los romanos usaron bicarbonato y orina durante mucho tiempo. Fue el médico Scribonio Largo, del siglo I d.C., quien formuló la primera verdadera pasta de dientes, combinando vinagre, sal, miel y fragmentos de vidrio, aunque resultaba muy abrasiva.
Edad Media y siglo XIX
Los predecesores del cepillo fueron, durante siglos, piezas de carbón y tiza. En el siglo XIX, en Inglaterra surgió una mezcla de sal, calcio, carbón y polvo de ladrillo. En 1824, el dentista Peabody añadió un detergente a esa fórmula.
Posteriormente, John Harris incorporó yeso, dando origen a la pasta de dientes moderna.
Industrialización
En 1873 la pasta se empezó a producir y vender a gran escala en grandes recipientes, y más tarde en envases más prácticos: tubos plegables de metal y, finalmente, de plástico.