Los pueblos del Neolítico presentan una serie de rasgos físicos que reflejan su paso de cazadores‑recolectores a sociedades agrícolas asentadas.
1. Gracilización
En comparación con poblaciones anteriores, los individuos neolíticos mostraban una constitución más delgada. Sus esqueletos revelan inserciones musculares reducidas y huesos menos robustos, indicio de una vida menos exigente físicamente.
2. Estatura
Generalmente se observa un aumento de la altura media respecto a los mesolíticos, probablemente gracias a una mejor nutrición y a la disponibilidad constante de alimentos cultivados.
3. Patrones dentales
Se incrementó la incidencia de caries y desgaste dental, consecuencia de dietas ricas en carbohidratos (cereales) y del uso de herramientas de piedra para procesar los alimentos.
4. Salud ósea
Aunque la alimentación era más estable, los restos óseos evidencian deficiencias nutricionales, como falta de vitamina D y anemia ferropénica, relacionadas con una menor diversidad dietética y mayor densidad poblacional.
5. Forma craneal
Los cráneos neolíticos tienden a ser más redondos (braquicefálicos) que los de épocas anteriores, con variaciones regionales que podrían deberse a deriva genética o efectos fundadores.
6. Proporciones de los miembros
Las extremidades suelen ser relativamente más cortas, probablemente porque disminuyó la necesidad de recorrer largas distancias y aumentó la dependencia de la agricultura sedentaria.
7. Dimorfismo sexual
Las diferencias físicas entre hombres y mujeres se atenuaron, lo que puede estar vinculado a cambios en la organización social y en los roles de género al pasar de la caza a la agricultura.
Estos rasgos son tendencias generales; existen variaciones importantes entre distintas regiones y poblaciones neolíticas.