Hans Albers encarnó al entrañable "perro de mar" como nadie más. Con canciones como "En la Reeperbahn a medianoche" y películas como "Gran Libertad n.º 7", se convirtió en un ícono inmortal de Hamburgo. Nació el 22 de septiembre de 1891 en esa ciudad.
Primeros años y amor por el teatro
Hans Philipp August Albers fue el menor de seis hijos de una familia de clase media; su padre era maestro carnicero. Creció en el barrio de St. Georg, cerca del Alster. Desde chico trabajó en barcos turísticos para financiar su pasión por el teatro y asistía al Deutsches Schauspielhaus siempre que podía.
Presionado por su padre, inició un aprendizaje comercial y trabajó en una empresa de seda en Frankfurt, pero seguía tomando clases de actuación a escondidas. A los 20 años abandonó el mundo mercantil para dedicarse por completo a su sueño.
Esperando la gran oportunidad
Los inicios fueron duros. Albers acumuló sus primeras experiencias en teatros provinciales, trabajando como ayudante de escenario. Actuó en Frankfurt, Colonia y, de regreso a Hamburgo, en el Thalia Theater como teniente. Aprovechó cada oferta, aunque con el paso del tiempo su característico cabello rubio empezó a escasear y recurrió a una peluca.
Servicio militar y los primeros pasos en Berlín
En 1915 fue reclutado y sirvió en la Primera Guerra Mundial tanto en el frente oriental como occidental, resultando herido y regresando a casa. Al terminar el conflicto viajó a Berlín, donde, como muchos actores sin nombre, aceptó cualquier papel: de mujeriego pícaro a villano en comedias, operetas y revistas. Participó en películas mudas como "El Dimitri equivocado" y "Saxofón‑Susi", mientras por la noche actuaba en los escenarios.
Hansi Burg, el amor de su vida
Después de una relación con la soprano Claire Dux, Albers conoció a Hansi Burg, hija del actor y mentor Eugen Burg, a principios de los años veinte. Burg se convirtió en su confidente, manager y compañera de vida. Durante el régimen nazi la actriz judía tuvo que exiliarse ocho años, pero volvió a reunirse con Albers al finalizar la guerra.
El gran salto: "Los criminales"
En octubre de 1928, con 37 años, Albers obtuvo su gran oportunidad cuando, a último momento, sustituyó a otro actor en la obra "Los criminales" del Deutsches Theater bajo la dirección de Max Reinhardt. Su interpretación como camarero sin escrúpulos lo catapultó a la fama en Berlín y despertó el interés de directores como Erwin Piscator y Gustaf Gründgens.
Éxitos musicales y cinematográficos en los años 30
El sonido llegó al cine y Albers se adaptó con facilidad. Debutó en el talkie "La noche nos pertenece" (1929) y siguió con clásicos como "El ángel azul" (1930) junto a Marlene Dietrich, "Bombas en Monte Carlo" (1931) y "El hombre que era Sherlock Holmes" (1937). La canción "¡Ups, aquí vengo!" se convirtió en un éxito rotundo, al igual que "¡Saluda al sol, aviador!" y "¡Ven a bailar, Luise!". En la década de los 30 se trasladó a Baviera, instalándose en el lago Starnberg.
Actor estatal bajo el régimen nazi
Joseph Goebbels describió a Albers en 1932 como "un diablo de muchacho". Los nazis, que valoraban su aspecto rubio y ojos azules, lo nombraron "actor del Estado" y le pagaron sumas astronómicas. Sin embargo, Albers nunca se dejó cooptar plenamente y mantuvo una distancia crítica, aunque participó en algunas producciones de propaganda. Su esposa Hansi Burg huyó a Gran Bretaña en 1939 y regresó a Alemania en 1946.
Barón de las mentiras y el melancólico cantautor
En 1943 protagonizó el colorido "Münchhausen", interpretando al extravagante barón de las mentiras. Un año después brilló en "Gran Libertad n.º 7", una película melancólica ambientada en la Reeperbahn, donde cantó el inolvidable "En la Reeperbahn a medianoche".
Posguerra: papeles paternos
Después de 1945, Albers, ya con 54 años, dejó los papeles de aventurero y se convirtió en un actor de papeles paternos, como en "Noche en las calles" (1951) o "Antes del atardecer" (1956). Algunas producciones, como "El corazón de St. Pauli" (1957), resultaron fracasos, pero su figura seguía siendo querida por el público.
Filmografía destacada
Entre más de 100 películas mudas y numerosas sonoras, destacan:
- 1930: "El ángel azul" – Josef von Sternberg
- 1930: "Hans en todas las calles" – Carl Froelich
- 1931: "Bombas en Monte Carlo" – Hanns Schwarz
- 1932: "F.P.1 no contesta" – Karl Hartl
- 1937: "El hombre que era Sherlock Holmes" – Karl Hartl
- 1939: "Agua para Canitoga" – Herbert Selpin
- 1942: "Münchhausen" – Josef von Baky
- 1944: "Gran Libertad n.º 7" – Helmut Käutner
- 1952: "Noche en las calles" – Rudolf Jugert
- 1953: "Käpt'n Bay‑Bay" – Helmut Käutner
- 1954: "En la Reeperbahn a medianoche" – Wolfgang Liebeneiner
- 1956: "Antes del atardecer" – Gottfried Reinhardt
- 1957: "El gran Bomberg" – Rolf Thiele
- 1957: "El corazón de St. Pauli" – Eugen York
- 1958: "El hombre en la corriente" – Eugen York
Últimos años y legado
A principios de los 60, Albers siguió actuando en teatro, interpretando al anciano domador en "Katharinas Knie" de Carl Zuckmayer a los 69 años. El 12 de marzo de 1960 sufrió un colapso durante una función y, el 24 de julio, falleció en un hospital del lago Starnberg, contra su deseo de morir en Hamburgo. Fue enterrado el 29 de julio en el cementerio de Ohlsdorf, donde miles de personas le rindieron homenaje.
Una lápida sencilla en Ohlsdorf recuerda al legendario Hans Albers, cuyo canto y carisma siguen resonando en la memoria de Hamburgo y del cine alemán.