Nadie cambió tanto los mapas del planeta como el explorador británico James Cook. En sus tres grandes viajes cruzó todos los océanos, trazó costas desconocidas y dejó una huella imborrable en la historia de la navegación.
Un final trágico
En 1779, mientras su barco Resolution anclaba en Hawái, Cook se encontró con una población local que, al principio, lo recibió como una deidad. Sin embargo, los ánimos se caldearon tras un conflicto por un bote de salvamento perdido. El 20 de febrero de 1779, Cook fue atacado y asesinado por nativos hawaianos. Sus restos fueron arrojados al mar según la costumbre marítima de la época.
A diferencia de muchos exploradores de su tiempo, Cook había tratado a los pueblos indígenas con respeto y buscaba aprender de ellos, no explotarlos. Su muerte violenta contrastó con su reputación de pacifismo y muestra la complejidad de los encuentros entre culturas.
Defenseless: James Cook es asesinado por locales en 1779
De niño de granja a explorador
Nacido en 1728, hijo de un trabajador agrícola, Cook comenzó a trabajar a los 17 años en un barco de carbón. Autodidacta, estudió matemáticas y navegación a la luz de las velas, memorizó constelaciones y repasó viejas cartas náuticas.
Su ambición era descubrir tierras desconocidas del hemisferio sur. En 1768, a los 40 años, recibió el mando del Endeavour y una tripulación de 90 hombres. Navegó alrededor del Cabo de Hornos, cruzó el Pacífico y, utilizando el método de distancia lunar, determinó con precisión la longitud, creando mapas que no serían superados hasta el siglo XX.
James Cook joven aprendiendo a navegar
Durante su primer viaje, Cook cartografió Tahití, Nueva Zelanda, la costa este de Australia y el Gran Cañón de Coral, una barrera de 2.300 km de longitud. Regresó a Inglaterra en 1771, donde fue recibido con honores y nombrado oficial de la Marina.
Raciones diarias: cerveza y ron
Para sus expediciones posteriores, Cook eligió barcos de transporte de carbón, que ofrecían amplios bodegones. Así pudo aprovisionar a la tripulación con carne salada, chucrut, ganado vivo y, curiosamente, cuatro litros y medio de cerveza por hombre al día, más medio litro de ron para tiempos de tormenta. Con estos suministros, la moral y la salud de los marineros se mantuvieron en buen nivel.
Abundantes provisiones en el vientre del "Discovery"
Obstáculos de hielo
En julio de 1776, Cook zarpó con los barcos Resolution y Discovery en busca del legendario Paso del Noroeste, la ruta que conectaría el Atlántico con el Pacífico por el norte de América. El hielo ártico y la nieve forzaron al capitán a retroceder, frustrando sus planes. Aun así, prometió volver el verano siguiente, pero nunca llegó a completar la travesía; el paso sería abierto por el noruego Roald Amundsen un siglo después.
El mítico paso entre el Atlántico y el Pacífico
El paraíso se vuelve infierno
En enero de 1779, la expedición arribó a Hawái. Los nativos, creyendo que Cook era una deidad regresada, lo recibieron con cantos y ofrendas de frutas, cerdos y batatas. Sin embargo, la tensión creció cuando una embarcación se perdió y los británicos intentaron tomar rehenes para recuperarla.
El conflicto estalló: Cook disparó, desencadenando una carnicería. Fue rodeado y asesinado por los hawaianos, quienes posteriormente entregaron sus huesos a los británicos. La expedición regresó a Londres en octubre de 1780 sin su capitán, pero con un legado cartográfico sin precedentes.
James Cook llenó innumerables vacíos en los mapas, descubrió regiones enteras y estableció un modelo de exploración basada en la observación científica y el respeto cultural, aunque su vida terminó de manera abrupta y violenta.
Solo unas pocas islas quedaron sin explorar y el Paso del Noroeste siguió siendo un desafío para los navegantes durante más de un siglo.