Introducción
Gonzalo Guerrero fue un conquistador español que, tras ser capturado y esclavizado por los mayas, se integró a su cultura y llegó a convertirse en uno de sus guerreros más destacados. Su historia contrasta con la de su compañero Gerónimo de Aguilar, quien permaneció fiel a la fe cristiana y sirvió como intérprete de Cortés.
Orígenes y primeros años
Nacido en 1470 en Palos de la Frontera (Huelva), poco se conoce de su infancia. Se formó como soldado y participó como arcabucero en la conquista de Granada, bajo el mando del gran capitán Gonzalo Fernández de Córdoba. Posteriormente siguió al capitán a Nápoles, donde formó parte de los primeros Tercios españoles.
Naufragio y captura
Alrededor de 1510, Guerrero viajó a América con Diego de Nicuesa. Tras cambiar de expedición y unirse a Juan de Valdivia, partió en agosto de 1511 a bordo del Santa María de Barca. Tres días después, una fuerte tormenta hizo encallar la nave en la costa yucateca. Solo ocho sobrevivientes llegaron a la zona de los Cocomes; la mayoría fue ejecutada y los pocos restantes fueron entregados como esclavos al sacerdote maya Teohom.

Vida entre los mayas
Mientras Gerónimo de Aguilar se adaptó a la cultura maya sin cambiar sus creencias, Guerrero aprovechó su entrenamiento militar para ganarse la confianza de los líderes locales. El cacique Taxmar, impresionado por sus habilidades, lo tomó como consejero de guerra y le enseñó tácticas de formación en filas y columnas, incluso una falange macedónica que le dio gran prestigio.
Posteriormente fue entregado al jefe Na Chan Can, quien a su vez lo confió a su Nacom (jefe de guerreros) Balam. Cuando Balam fue atacado por un caimán, Guerrero lo salvó y, como recompensa, obtuvo su libertad.
Libre, se casó con la princesa maya Zazil Há, ascendió al rango de Nacom y adoptó las costumbres mayas: tatuajes, mutilaciones rituales y, según la tradición, ofreció a su hija mayor Ixmo como sacrificio en Chichén Itzá (aunque no existen pruebas de ello).

Encuentro con Hernán Cortés
En 1519, la expedición de Hernán Cortés llegó a Cozumel y envió una carta a los dos españoles que vivían allí, invitándolos a reunirse. Gerónimo de Aguilar aceptó, pero Guerrero prefirió quedarse con los mayas. A partir de entonces, rechazó todas las ofertas de los conquistadores, incluso cuando Montejo le prometió perdón y protección si abandonaba a su familia.
Resistencia contra la conquista
Guerrero entrenó a los mayas para defender su territorio frente a los intentos de conquista de Francisco de Montejo (1527) y de sus hijos. Sus conocimientos de armamento europeo y tácticas de guerra fueron decisivos en varios enfrentamientos, y siempre aconsejó a sus guerreros no confiar en los blancos.
En 1536, mientras defendía a su aliado cacique Ticamaya en Honduras, fue alcanzado por una balista y una arquebuza, resultando mortalmente herido. Sus compañeros ocultaron su cuerpo entre palmas y, tras la noche, lo lanzaron al río Ulúa para que las corrientes lo devolvieran al mar.
Muerte y legado
Durante siglos, los cronistas españoles lo describieron como un traidor a la fe cristiana, contrastándolo con la lealtad de Aguilar. Tras la independencia de México, su figura fue reinterpretada como símbolo de resistencia contra la colonización y de valoración de la cultura maya.