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La Gran Esfinge de Tanis

La Gran Esfinge de Tanis La Gran Esfinge de Tanis recibe a los visitantes en la entrada del Departamento de Antigüedades Egipcias del Museo del Louvre, creado en 1826 por Carlos X. Esta imponente escultura de granito rosa, de doce toneladas, mide 4,80 m de largo, 1,50 m de ancho y 1,80 m de alto. Fue hallada entre los restos del templo de Amón‑Rá en Tanis, que pudo haber sido la capital del Bajo Egipto, al este del Delta del Nilo, después de que Champollion descifrara los jeroglíficos en 1822.

La esfinge: imagen viva del faraón

El término griego «esfinge» designa a las estatuas egipcias con cuerpo de animal y cabeza humana, aunque la palabra no refleja la realidad egipcia. La escultura combina dos fuerzas: la potencia y la superioridad física del león, y la autoridad del faraón, representado con su corona, barba postiza y cobra erguida. Todo el arte egipcio se resume en esta fusión de magia y vida.

El león yace con la mirada lista para atacar: las patas delanteras extendidas, garras al descubierto, las traseras dobladas y la cola enrollada sobre el muslo izquierdo. En esta posición la esfinge se colocaba siempre en la entrada de palacios y templos, actuando como guardián que ahuyenta a los intrusos.

La Gran Esfinge de Tanis

La Esfinge de Tanis, Museo del Louvre.

En la base de la estatua aparecen inscripciones de Amenemhat II (Dinastía XII, ca. 1929‑1895 a.C.), de Merneptá (Dinastía XIX, ca. 1212‑1202 a.C.) y de Sheshonq I (Dinastía XXII, ca. 945‑924 a.C.). Cada faraón reutilizó la escultura, práctica que los egiptólogos denominan «usurpación» de inscripciones.

Sin embargo, los arqueólogos coinciden en que la esfinge data del Antiguo Reino, alrededor del 2600 a.C.