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Batalla de los Campos Cataláunicos (451)

Batalla de los Campos Cataláunicos (451) La Batalla de los Campos Cataláunicos enfrentó dos mundos: el de Atila, rey de los hunos, que arrasaba con sus hordas la Europa occidental, y el de la Galia galo‑romana, último territorio bajo dominio del Imperio romano. Contrario a la tradición, la lucha no tuvo lugar cerca de Châlons‑en‑Champagne, sino cerca de Troyes, en el campus de Mauriacus. Los "campos cataláunicos" son más un mito fundacional que una realidad; lo más probable es que el ejército huno fuera más pequeño y menos homogéneo de lo que la historiografía medieval ha sostenido.

¿Qué ocurrió y en qué contexto?

En el año 451 d.C., tras devastar la Galia oriental, Atila se dirigió a Orléans. Parecía que nada ni nadie podría detener sus temibles hordas. Sin embargo, la campaña huna se detuvo en Cenabum. El Imperio romano vivía sus últimos momentos; las escasas legiones disponibles estaban concentradas en el norte de Italia, bajo la protección de Rávena y del emperador Valentiniano III.

Batalla de los Campos Cataláunicos (451)En Galia, sólo el magister Flavio Aecio, jefe de la milicia, contaba con una pequeña caballería y unas cuantas cohortes. Ante la enorme superioridad numérica del ejército de Atila, Aecio se vio obligado a forjar alianzas con los reinos bárbaros que rodeaban la Galia galo‑romana, convirtiéndose en el último representante del Imperio. Gracias a su habilidad diplomática, logró que la mayoría de los jefes bárbaros se unieran a su objetivo de frenar a Atila.

En el verano de 451, la fuerza aliada, reforzada por miles de guerreros francos, sármatas, alanos, burgundios, visigodos y otros, avanzó hacia Orléans justo cuando Atila la asediaba. Sorprendido por el contraataque y tras intensos combates en la ciudad, Atila se vio obligado a retroceder al este, cargado de botines y ralentizado por su convoy. Tras varios días de marcha a distancia, ambos ejércitos volvieron a encontrarse.

El ejército de Atila llegó a una vasta llanura de Champaña, con la coalición de Aecio detrás. Fue allí, en el llamado Campus Mauriacus, donde los gépidos aliados de Atila se enfrentaron a los francos aliados de Aecio, resultando en una masacre que dejó a los supervivientes reuniéndose en la misma llanura.

La Gran Batalla de los Campos Cataláunicos

Ambos bandos se posicionaron cuidadosamente; ninguno quería abandonar el enfrentamiento decisivo. Aecio ocupó una ligera elevación, mientras que las hordas hunas se establecieron en una posición similar.

Batalla de los Campos Cataláunicos (451)Disposición de tropas: los reyes ostrogodos Teodomiro, Walamir y Widémir comandaban el ala izquierda de los hunos; el centro estaba ocupado por la caballería de Atila y los gépidos de Ardarico. El ala derecha estaba formada por los vándalos de Andagesi y otras tribus como los marcómanos, herulios, alamanes y túrquicos. También los francos ripuarios apoyaban a Atila.

Del lado aliado, los visigodos del rey Teodorico I y sus hijos, los príncipes Thorismundo y Teodorico II, defendían el ala derecha. En el centro, Aecio colocó a los alanos de Sangibán, junto a burgundios, galo‑romanos y sármatas con armadura escamosa. También participaron la famosa infantería de Soissonnais, los letones, los bretones y los francos de Mérovée.

Miles de guerreros cubren la llanura

Al mediodía, los hunos lanzaron su primer ataque, intentando apoderarse de una colina. El golpe fue devastador para romanos y visigodos, pero pronto fueron repelidos por Thorismundo y Aecio. A partir de entonces, la lucha se generalizó: visigodos contra ostrogodos, alanos contra hunos, romanos contra los demás aliados germánicos de Atila. Se sucedían choques de sables, lanzas y lazos, mientras los aliados de Aecio, equipados al estilo romano, lograban confundir a la multitud germano‑huna.

En la oscuridad de la tarde, los visigodos, animados por su rey Teodorico, comenzaron a retroceder a los hunos. Cuando Teodorico recibió una lanza enemiga, cayó, lo que provocó que sus guerreros se lanzaran con furia contra los ostrogodos, obligándolos a retroceder. Ante la presión, Atila ordenó a sus guerreros erigir una circunvalación con carros y sillas. Al percibir que la batalla se decidía, se atrincheró detrás de ella, pero al ver que los visigodos abandonaban el campo, comprendió que la fuerza principal de Aecio se retiraba. Aunque la batalla se inclinó en su contra, sus hordas pudieron retirarse sin ser aniquiladas.

Aecio, vencedor sobre Atila en los Campos Cataláunicos

Decenas de miles de cadáveres cubrían la llanura. Los romanos lograron la victoria gracias al valioso apoyo de los visigodos, que, tras honrar a su rey fallecido, se retiraron a Aquitania bajo el mando de Thorismundo.

La misión de Aecio continuó: vigilar la retirada de Atila hacia el Rin, pues su ejército seguía siendo una amenaza mientras no cruzara el gran río. Tras varios días, los hunos cruzaron el Rin y Galia quedó definitivamente libre de la amenaza huna. Aecio, coronado con el título de Patricio de los Romanos, fue asesinado poco después por el emperador Valentiniano III, temeroso de su creciente popularidad.

Para profundizar

Año 451, la victoria del Oeste, por Alain Di Rocco. Ediciones Beaurepaire, 2018.