Un crucero auxiliar alemán llamado Kormoran navegó los mares durante 351 días sin avistar tierra. ¿Cómo sobrevivieron la tripulación a tanto aislamiento? La respuesta: con mucho ingenio y entretenimiento.
Cuando pensamos en los soldados alemanes de la Segunda Guerra Mundial, solemos imaginar solo a los fanáticos del régimen. Olvidamos que muchos eran personas corrientes que, a veces, se encontraron en situaciones extraordinarias. Los marineros del Kormoran son un buen ejemplo.
Acabo de terminar de leer Kormoran Cruiser, las memorias del comandante del buque, Theodor Detmers. El crucero auxiliar surcó los océanos durante 352 días, interceptando buques enemigos del Tercer Reich. La rutina era monótona: navegar, buscar objetivos, capturar algunos barcos de suministro y, en ocasiones, rescatar un canario o un mono. Los encuentros con submarinos (a los que Detmers llamaba "peces") o pequeños rendez‑vous eran los momentos más emocionantes.
Los animales a bordo: compañía y diversión
El Kormoran llevaba varios animales que animaban la vida a bordo. Al inicio del viaje acompañaban a la tripulación dos perros – el terrier Struppi y la pastor alemán Senta – que corrían por la cubierta persiguiendo gaviotas y albatros. Senta era la favorita del capitán; cada vez que subía al puente, ladraba hasta que él le lanzaba un trozo de madera.
También había un canario, dos monos y, en una ocasión, un tiburón al que los marineros mataron y clavaron su aleta al mástil como trofeo. Los dientes del tiburón se convirtieron en collares, y el capitán Detmers lució uno en su gorro.
Navidad en alta mar
Aunque el clima tropical no era propicio, la tripulación quiso celebrar la Navidad. Decoraron sus camarotes, organizaron un concurso de los mejores adornos y ofrecieron como premio medio balde de golosinas. El azul del mar y el cielo despejado no impidieron que el ambiente festivo se mantuviera.
El bautismo ecuatorial
Al cruzar el ecuador, los marineros realizaron el tradicional "bautismo ecuatorial", una ceremonia satírica que incluía purificaciones, “tatuajes” de tinta negra y la entrega de una píldora amarga a cada participante. El ritual, que duró varias horas, era una de las partes más divertidas del viaje.
Cómo pasaban el tiempo día a día
El capitán y sus oficiales se esforzaron por mantener la moral alta. Se organizaban competencias deportivas (gimnasia en postes, carreras con obstáculos, combates con escobas, escalada de un mástil engrasado) y torneos de boxeo. También había una banda que tocaba acordeón y cantaba en alemán, y una pequeña sala de cine con capacidad para 25 personas.
Muchos marineros se dedicaban a manualidades, pintura y modelismo. Detmers organizó una exposición de obras realizadas por la tripulación, con un jurado que otorgaba premios en distintas categorías. La exposición permaneció abierta durante dos semanas, atrayendo a toda la gente a bordo.
Fuentes
- Theodor Detmers, Kormoran Cruiser, Oficyna Wydawnicza Finna, Gdańsk 2011.
Ver también
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