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Nuestras bisabuelas realmente lo pasaron mal: 10 pruebas de lo dura que era la vida de las mujeres antes de la guerra

Ellas tuvieron que luchar contra la pobreza, los fraudes y los prejuicios que las acusaban de ser menos capaces que los hombres. Además, eran despedidas con facilidad. ¿Qué más sufrían las mujeres en la Polonia de entreguerras?

Como siempre, el ranking TOP 10 se basa en los artículos que publicamos. En esta ocasión, presentamos la historia de las mujeres en la Polonia de entreguerras, una época marcada por el trabajo incansable y la escasez. Puedes consultar más sobre el período de entreguerras aquí.

10. Estafas alimentarias traicioneras

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Ir al mercado era una aventura dolorosa para la ama de casa de la época. Los vendedores adulteraban la leche, que a menudo estaba agria, diluida con agua y coloreada con jugo de zanahoria. La mantequilla también se manipulaba: se añadían agua, suero, sal, harina, puré de patata e incluso talco o yeso para aumentar su peso y volumen.

9. Inestabilidad del mercado

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Muchas familias vivían en una pobreza extrema. Zofia Pujszowa, colonizadora de Braslaw, contó que engordar y vender cerdos se volvió una trampa: gastó 106 zl en alimento y el lechón, pero al venderlo obtuvo solo 35 zl, insuficiente para subsistir y mucho menos para reinvertir.

8. Ausencia de refrigeradores

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En la Segunda República, el frigorífico era un lujo reservado a la élite y costaba tanto como un coche nuevo. Las mujeres comunes recurrían a pozos de hielo subterráneos o a suscripciones de hielo de empresarios privados, opciones también muy caras. La mayoría se limitaba a secar, encurtir y usar otros métodos tradicionales de conservación.

7. Acusaciones de incompetencia con la electricidad

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La prensa de la época sugería que la electricidad era peligrosa para las mujeres, pues supuestamente solo ellas podían tocar una plancha con la mano mojada o manipular una lámpara de metal sin comprender los riesgos.

6. Falta de electricidad

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Los fogones de baldosas ocupaban espacio, desprendían humo y manchaban. Los cocinadores eléctricos eran un lujo inalcanzable para la mayoría. Incluso en los pueblos más acomodados, a menudo no había dinero para electricidad, keroseno o cerillas. Un fogón eléctrico costaba 110 zl y una cocina con horno, 550 zl, cifras imposibles para la mayoría.

5. Platos que hoy consideramos típicos eran raros

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Platos como chuletón, tartar, codillo o bigos casi nunca aparecían en las mesas rurales. La alimentación se basaba en papas, granos, harina casera, repollo, habas y todo lo que se cultivaba en casa, complementado con setas, frutos del bosque y pescado. El pollo y el cerdo eran consumidos esporádicamente, y lograr un plato sustancioso con poca carne era todo un desafío.

4. Higiene menstrual

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Las mujeres confeccionaban sus propias prendas menstruales, más complejas que la ropa interior habitual. Se ataban varias correas que sostenían un inserto de tela que podía medir hasta medio metro; luego se hervía para desinfectarla.

3. Grandes familias que necesitaban sustento

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En los hogares obreros, cada niño adicional podía marcar la diferencia entre la subsistencia y la hambruna. Los padres, al enterarse de un nuevo nacimiento, a veces expresaban su desaliento con comentarios despectivos. La mortalidad infantil era alta; de cada diez niños, solo dos o tres sobrevivían hasta la edad adulta.

2. Métodos de anticoncepción mortales

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Para evitar embarazos no deseados, muchas mujeres recurrían a sustancias extremadamente tóxicas: mercurio, sublimate, ácido salicílico, ácido fórmico y Lysol, este último un limpiador de baños con olor nauseabundo que, si se concentraba, provocaba quemaduras graves e incluso la muerte.

1. Prioridad en los despidos y la falta de ascensos

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Durante la Primera Guerra Mundial, las mujeres ocuparon numerosos puestos mientras los hombres estaban en el frente. Tras el retorno de los veteranos en 1918, se emitió una instrucción secreta que establecía dos medidas: en caso de recortes de personal, se despedía a las mujeres primero; y, aun siendo las más calificadas, se les negaban los ascensos.