Introducción
Incluso las civilizaciones más antiguas sentían la necesidad de embellecer su rostro y su cuerpo. En el Antiguo Egipto no fue la excepción: el maquillaje cumplía una función estética y, a la vez, poseía un profundo sentido mágico y religioso. Por eso, muchos de los súbditos del faraón llevaban lo que podríamos llamar una “mirada mágica”.
Miles de años antes de que se construyeran las pirámides y de la invención de la máscara de pestañas moderna, hombres, mujeres y niños de todas las clases sociales egipcias se aplicaban cosméticos. Creían firmemente que la muerte no liberaba del deber de adornarse, ya que el más‑allá requería los mismos objetos que la vida terrenal.
En las tumbas se han encontrado paletas de pizarra para mezclar los pigmentos, algunas datadas en 3300 a.C., y diversos recipientes con maquillaje que acompañaban al difunto en su último viaje.
Los productos y su elaboración
Según Lisa Eldridge, autora de Facepaint: History of Makeup, los egipcios eran “químicos hábiles” que preparaban cremas hidratantes, kohl, coloretes para labios y mejillas, e incluso esmaltes de uñas. Utilizaban polvos obtenidos de frutos secos o minerales, los mezclaban con grasas animales o vegetales para conseguir una consistencia que resistiera el abrasador sol africano.
Kit de maquillaje egipcio (Metropolitan Museum of Art).
Los ojos
El elemento más destacado del maquillaje egipcio era el cuidado de los ojos. En frescos del Valle de los Reyes se aprecian rostros con ojos y cejas intensamente delineados.
El “kohl” se elaboraba a partir de una compleja mezcla de antimonio en polvo, almendras tostadas, plomo, cobre oxidado, ocre, ceniza, malaquita y crisocola. Los pigmentos se almacenaban en recipientes especiales, se humedecían con agua u aceite y se aplicaban con pinceles o aplicadores específicos.
Busto de Nefertiti (foto: Philip Pikart, licencia CC BY‑SA 3.0).
El uso del kohl tenía también un propósito religioso: se buscaba recrear el “Ojo de Ra” o el “Ojo de Horus”, talismanes protectores. El tono verde de malaquita vinculaba a la portadora con la diosa Hathor, “Señora de la Malaquita”. Tanto hombres como mujeres alargaban la forma del ojo al estilo almendrado y marcaban las cejas siguiendo la línea natural.
Contrariamente a la imagen popular del “línea negra” egipcia, también se empleaban pigmentos verdes, como demuestran hallazgos arqueológicos.
Los labios
El color rojo en los labios ya se usaba hace varios milenios. En una tumba se encontró un tubo que contenía una mezcla de ocre rojo, resina y grasa, parecido al lápiz labial actual y aplicado con pincel o espátula. Un papiro erótico muestra a una mujer pintándose los labios con un pincel.
Representación de labios rojos en arte funerario.
La piel
Las mujeres de la realeza y de las clases altas protegían su rostro del sol con cremas hidratantes y polvos ligeros. En las pinturas funerarias aparecen con una tez casi blanca, símbolo de nobleza y de que no estaban expuestas al trabajo físico bajo el sol.
Los relieves del Museo Británico muestran a una mujer aplicando polvo con una esponja característica. El polvo, a base de ocre, también servía para realzar los pómulos, lo que sugiere que los egipcios practicaban una forma primitiva de contouring.
Liz Taylor como Cleopatra (1963).
Uñas
El esmalte de uñas también existía en el Antiguo Egipto. Las uñas se teñían con henna, obteniendo tonos amarillos o anaranjados. Un esmalte oscuro era reservado a la realeza y a la alta nobleza; se dice que Cleopatra prefería el rojo óxido y Nefertiti el rojo rubí.
Fuentes
- Bunson, M. Encyclopedia of Ancient Egypt. Infobase Publishing, 2014.
- Eldridge, L. Face Paint: Make‑up History. Znak Horyzont, Cracovia, 2017.
- Hallmann‑Mikołajczyk, A. “Ancient Egyptian make‑up”, Quarterly of the History of Material Culture, 2006, No. 1.
- Ruiz, A. The Spirit of Ancient Egypt. Algora, 2001.