El inesperado origen del documento de rendición
La rendición incondicional de Alemania el 7 de mayo de 1945 no sorprendió a nadie. Desde 1943, los jefes de los Ministerios de Relaciones Exteriores de los Tres Grandes habían creado la Comisión Asesora Europea, cuya misión incluía redactar el texto de la capitulación alemana.
Dos años bastaron para que los nazis fueran expulsados de Europa, pero no para que los políticos aliados acordaran un texto que satisficiera a todas las partes. Así, el 7 de mayo sólo los alemanes estaban listos para bajar las armas, mientras el Alto Mando aliado aún buscaba una versión final.
Negociaciones en Londres
Las discusiones sobre el contenido del acta se prolongaron durante el invierno y la primavera de 1945. Cada nación aliada quería incluir sus propias exigencias:
- Los británicos dudaban de la posibilidad de firmar un solo documento con los alemanes.
- Los checos exigían que se reconociera la responsabilidad alemana en el inicio de la guerra.
- Los belgas y neerlandeses pedían que se tuviera en cuenta su participación en la ocupación de Alemania.
- Los yugoslavos esperaban resolver sus asuntos internos antes de firmar.
- Los griegos querían una cláusula que declarara que el equipo militar alemán que quedara en Grecia pasaría a ser propiedad del gobierno local.

El generaloberst Alfred Jodl probablemente no sospechaba la premura con la que se estaba preparando el acta de rendición del Tercer Reich.
Aunque parecía que se acercaba un compromiso, a principios de mayo errores de procedimiento y comentarios de última hora dejaron el texto final sin definir.
El papel inesperado de un oficial británico
Mientras tanto, los alemanes estaban dispuestos a rendirse. El Alto Mando de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas (SHAEF), liderado por el general Eisenhower, no podía esperar: la vida de los soldados aliados que todavía se enfrentaban a los remanentes de la Wehrmacht y del Volkssturm estaba en juego.
En lugar de encomendar la redacción a un grupo de diplomáticos, la tarea recayó en un solo soldado: el coronel John Counsell, oficial operativo británico del SHAEF. Nota bene, en su vida civil Counsell había sido director de un teatro.

Para no perder tiempo, Counsell tomó gran parte del contenido de un artículo de la revista militar Stars and Stripes que describía la rendición de las fuerzas del Eje en Italia pocos días antes. El documento resultante, que puso fin a la Segunda Guerra Mundial en Europa, quedó compuesto por apenas seis párrafos muy breves, lo que generó nuevas dudas entre los aliados.
El acta preparada por la Comisión Asesora Europea fue aprobada por todos los aliados el 21 de mayo. Firmada como la "Declaración de la Derrota de Alemania", puso fin al efímero gobierno nazi de Karl Dönitz.