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¿Se consideraba a las mujeres incapaces de usar la electricidad?

Antes de la guerra, la prensa enfatizaba que cualquier hombre listo podía manejar cualquier aparato eléctrico. ¿Y una mujer? Se la presentaba como una víctima potencial desde el momento en que se encendía la luz.

En 1934, un reportero del periódico de Łódź Głos Poranny aseguraba que no se necesitaban habilidades especiales para operar los nuevos dispositivos eléctricos. Incluso un hombre que pasaba el verano de excursión podía usar, por ejemplo, una cocina eléctrica sin problemas.

Con una cocina eléctrica, cualquiera puede preparar sus platos sin olores desagradables y sin ensuciarse las manos.

¿Se consideraba a las mujeres incapaces de usar la electricidad?

Ya he escrito sobre esta propaganda eléctrica en otros artículos (haz clic para leerlos). ¿Era realmente tan sencillo y seguro?

Hay que recordar que los cables eléctricos de la época eran muy diferentes a los actuales. Los enchufes eran de porcelana y, al principio, no incluían conexión a tierra.

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Un cable más grueso y menos seguro

El cableado también era más voluminoso, más parecido al que se usa hoy para conectar monitores a ordenadores que a los finos cargadores actuales.

En 1935 la revista femenina Lady of the House publicaba un instructivo sobre el uso correcto del enchufe:

«Hay que manipular los cables con cuidado, evitando torcerlos o enredarlos, y al desconectar el enchufe nunca se debe tirar del cable, sino del propio enchufe».

Estos consejos eran vitales porque las instalaciones eléctricas de la época carecían de medidas de seguridad y resultaban peligrosas para todos, aunque la prensa prebélica señalaba a las mujeres como las principales víctimas, describiéndolas como poco razonables y ajenas a los riesgos.

Trampas para las amas de casa

En 1934 el diario Echo publicaba una columna titulada Trampas para las amas de casa, enumerando situaciones cotidianas que podían terminar en tragedia.

Tras un baño matutino, la mujer alcanza una toalla colgada de un clavo para secarse la cara. Ese gesto resultó fatal: el clavo estaba en contacto con un cable eléctrico. Al tocarlo con la mano mojada, recibió una descarga mortal.

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Otro ejemplo describía el uso imprudente de la plancha eléctrica:

Una plancha que derrite la tela de la blusa mientras el agua derramada empapa la alfombra; al tocar la plancha con la mano húmeda y estar descalzo sobre la alfombra mojada, la mujer corre el riesgo de una descarga.

Los institutos de electro‑terapia exhibían numerosos ejemplos de planchas “mortales” para advertir sobre su manejo cuidadoso.

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Los peligros también incluían la cocina y el simple acto de encender una lámpara. La prensa advertía que muchos habían sufrido choques al manipular contactos o bombillas, a veces con consecuencias fatales.

Una lámpara con base metálica sobre la mesita de noche podía ser una trampa: el cable, sin aislamiento en algunos puntos, tocaba el metal. Al tocar la base sin precaución, la mujer podía recibir una descarga eléctrica.

Resulta curioso que estos textos dirigidos a las mujeres rara vez se dirigieran a los hombres, dejando la pregunta abierta: ¿por qué los hombres no recibían la misma advertencia?

Fuentes

El artículo se basa en fuentes y literatura consultadas por la autora para el libro "Veinte años desde la cocina. Historia culinaria de la Polonia de entreguerras".