El 30 de enero de 1889 se disparó una tragedia en la caza de Mayerling que marcó el principio del fin para los Habsburgo. El archiduque Rodolfo, hijo de la famosa emperatriz Sisi y del emperador Francisco José, fue hallado muerto con un revólver en la mano, junto a la joven amante con quien pasó sus últimas horas. Aquella noche helada no solo cambió el destino de la casa imperial, sino también la percepción de un príncipe cuyas ideas podrían haber alterado el curso de la historia.
Una esperanza perdida para el trono austríaco
Desde pequeño, el heredero austrohúngaro fue preparado para el cargo que la sangre le impuso. El Imperio Habsburgo, extenso mosaico de naciones, lenguas y costumbres, necesitaba una figura capaz de adaptarse a la modernidad. Francisco José I, su padre, era un monarca instruido pero poco progresista. Durante su reinado, el imperio fue perdiendo peso pese a varios intentos de reforma.
El propio emperador falló como padre. Absorbido por sus deberes, dedicó escaso tiempo a Rodolfo y favoreció la disciplina militar sobre el afecto. La madre, la emperatriz Isabel, atrapada en un matrimonio infeliz y obsesionada con su imagen, delegó la educación del príncipe al pedagogo Joseph Latour von Thurnburg.
Gracias a su liberalismo y visión humanista, Thurnburg abrió a Rodolfo las puertas del pensamiento crítico. El joven comprendió que vivía en una época de cambios y que el poder de su padre era una construcción anacrónica y decadente.
Estas ideas lo alejaron aún más del emperador.
El archiduque activista
A pesar de la falta de apoyo paterno, Rodolfo se aventuró en la prensa anónima para difundir sus convicciones. Escribió para el Neues Wiener Tagblatt, propiedad de su amigo Moritz Szeps, contrastando el autoritarismo Habsburgo con los crecientes anhelos democráticos en Europa. Pronto su identidad quedó al descubierto, generando más problemas que beneficios.
Su visión moderna irritó no solo a Francisco José, sino también al canciller alemán Otto von Bismarck. Rodolfo sospechaba que la creciente influencia alemana era una amenaza y abogó públicamente por una alianza con Rusia, creyendo que reforzaría la posición del Imperio y favorecería a los pueblos eslavos bajo su dominio. Ante ello, Bismarck ordenó a sus agentes vigilar al heredero, considerándolo potencialmente peligroso.
El archiduque también depositó sus esperanzas en otros posibles líderes liberales: el príncipe Federico de Alemania y el príncipe Eduardo de Gales. Ambos murieron o tardaron en asumir el trono, dejando a Rodolfo sin los aliados que imaginaba.
Mientras tanto, en la Monarquía Dual surgía una corriente que favorecía una mayor alineación con el Reich y un creciente antisemitismo. Los opositores a la unión con Alemania fueron tachados de traidores y defensores de intereses judíos. Estas tendencias profundizaron la sensación de aislamiento y desilusión de Rodolfo.
Un matrimonio infeliz y una vida de excesos
En 1881, bajo la presión paterna, Rodolfo se casó con la princesa belga Stefania Clotilde de Coburgo, de apenas diecisiete años. A diferencia de su reputación de conquistador, la unión resultó ser una fuente de frustración. Stefania era una joven ingenua y poco preparada para comprender las ambiciones liberales de su marido.
Su infancia bajo el rígido y a veces cruel reinado del rey Leopoldo II tampoco le brindó una base emocional sólida. Al llegar a Viena, la princesa se encontró con la burla pública y el desdén de la emperatriz Sisi.
La noche de bodas fue una decepción total para Stefania, un episodio que recordó con repulsión durante décadas. Sólo dos años después dio a luz a su única hija, la princesa Isabel María, a quien se le negó cualquier derecho sucesorio por su sexo.
Rodolfo volvió rápidamente a su vida libertina, contagiando a su esposa con una gonorrea que acabó con sus posibilidades de tener más hijos. Desesperada, Stefania intentó seguir a su marido disfrazada de lavandera en los suburbios, buscando encuentros en tabernas de vino. Sus intentos de influir políticamente sobre Rodolfo fracasaron, pues él prefería los ideales republicanos a la monarquía tradicional.
Finalmente, fue Stefania quien, sin saberlo, empujó al archiduque hacia nuevas amantes, como Mitzi Caspar y, posteriormente, la baronesa María von Vetsera, con quien terminaría su vida.
Obsesión con la muerte
Los conflictos familiares empujaron a Rodolfo al alcohol, las drogas y a mujeres de reputación dudosa, alimentando su fascinación por el suicidio. Mitzi Caspar fue la primera en escuchar su propuesta de morir juntos; al principio lo tomó como una broma, pero cuando percibió la seriedad de Rodolfo, lo denunció a la policía, aunque sin ser tomada en serio.
Stefania también notó el deterioro de su marido y trató de alertar a Francisco José, quien no percibió el peligro. La falta de intervención selló el destino de la dinastía.
La noche trágica de Mayerling
En octubre de 1888 Rodolfo conoció a la baronesa María von Vetsera, una joven de 17 años de belleza oscura que ya había seducido a varios hombres. Ambos iniciaron una relación apasionada y breve que culminó en la caza de Mayerling.
El 28 de enero, bajo el pretexto de una cacería, Rodolfo invitó al conde Hoyos y al príncipe Coburgo. La presencia de María se mantuvo en secreto; sólo el criado Johann Loschek estaba al tanto.
El 30 de enero, Rodolfo ordenó a su criado que no permitiera la entrada a nadie, ni siquiera al emperador. Cuando Loschek intentó entrar por la mañana y no pudo, alertó al conde Hoyos, quien mandó romper la puerta con un hacha. Allí encontraron una escena macabra: los cuerpos de Rodolfo y María yacían juntos en una cama ensangrentada, con un revólver en la mano del archiduque. Todo apuntaba a un suicidio doble.
Teorías y conspiraciones
Lo más probable es que Rodolfo haya disparado primero a su amada y luego se haya suicidado. El conde Hoyos, temeroso de la repercusión, informó a la emperatriz Sisi que María se había envenenado y que el heredero había muerto de un infarto. La familia Habsburgo, sin embargo, decidió anunciar oficialmente una muerte por ataque al corazón y sólo después de asegurar el funeral católico del archiduque se admitió el suicidio.
Estas decisiones alimentaron innumerables teorías: algunos sugieren que Rodolfo mató a su amante en una discusión; otros apuntan a asesinos al servicio del gobierno alemán o incluso a órdenes del propio Francisco José, que desaprobaba sus ideas políticas. Las cartas de despedida no ofrecen una razón concluyente.
El legado de Rodolfo ha perdurado en la cultura popular: su trágico romance inspiró películas, novelas y obras de teatro, siendo la adaptación más famosa la película de 1968 de Terence Young, con Catherine Deneuve y Omar Sharif en los papeles principales.