En la Edad Media, dormir desnudo con un desconocido en la misma cama era algo natural.
Hoy esa escena parece sacada de una película erótica, pero en la Edad Media era cotidiano. Los manuales de buenos modales enseñaban cómo comportarse.
Y si ocurre de noche o en cualquier otro momento,
si vas a compartir la cama con alguien que consideras superior,
déjale el lado que prefiera.
…Y cuando estés en la cama, sé educado:
acuéstate recto, mantén brazos y piernas junto a ti.
Habla cuando sea apropiado y deséale buenas noches cada día,
pues esa es la gran cortesía que debes conocer.
Épocas de vergüenza
Con el fin de la Edad Media y la llegada de la modernidad, cambió la percepción de compartir la cama sin cubrirse. En 1530, el filósofo holandés Erasmo de Rotterdam aconsejaba:
Al desvestirte o ponerte de pie, recuerda la vergüenza; evita mostrar a los demás lo que la costumbre y la naturaleza pretenden ocultar.
Si compartes la cama con tu compañero, quédate inmóvil y no te muevas de un lado a otro, no sea que te descubras y molestes al otro al retirar la colcha.

Erasmo de Rotterdam, retratado por Hans Holbein el Joven.
En los siglos XVII y XVIII, las normas sociales impusieron restricciones aún mayores:
Es muy incorrecto que el sexo opuesto duerma en la misma habitación; si la situación lo obliga, separa las camas para que la vergüenza no surja de la confusión. Sólo la gran pobreza justifica tal práctica…
Si te ves obligado a compartir la cama con alguien del mismo sexo, lo cual es raro, debes comportarte con estricta y alerta modestia.
Este cambio refleja que, a medida que la civilización avanzaba, la amenaza pasó de la agresión física a la presión social, generando una sensación de vergüenza cuando se transgredían las normas.
La revolución sexual francesa
A finales del siglo XVIII, Francia vivió una revolución sexual que muchos olvidan. La Asamblea Nacional incorporó al constitucionalismo de 1791 la posibilidad de contraer matrimonio civil, desvinculándolo de la Iglesia. La ley de 1792 garantizó el derecho al divorcio, reguló la convivencia y la herencia de hijos ilegítimos. Desde entonces, los maridos quedaron prohibidos de infligir castigos corporales a sus esposas, y los jóvenes mayores de 21 años pudieron casarse por voluntad propia.

Guía nocturna de New Swell – Hombres y prostitutas, Londres 1847.
La revolución francesa transformó el matrimonio de una institución patriarcal a una relación de pareja. Sin embargo, la igualdad plena tardaría en llegar; Napoleón limitó el divorcio y los Borbones lo eliminaron por completo.
El irracionalismo femenino en la época victoriana
El periodo victoriano encerró a las mujeres en una especie de esclavitud. Se les consideraba demasiado emocionales e irracionales para participar en la vida pública o tomar decisiones familiares. El marido podía disponer de los bienes de su esposa o internarla en un manicomio sin mayores problemas.

Prostitutas, Henri de Toulouse-Lautrec.
Jules Michalet describía la misión de la mujer así:
Al atardecer el hombre vuelve exhausto, atormentado, menos humano. En casa encuentra una infinitud de bondad, un clima tan grande que casi duda de las crueles realidades a las que estuvo expuesto todo el día… Esta es la misión de la mujer (más que dar a luz): fortalecer el corazón del hombre.
El marido protegía a su esposa sensible del mercado laboral despiadado y del mundo exterior; a cambio, ella debía crear un hogar cálido y tranquilo.
El sexo bajo demanda
Al quedar excluidas de la vida profesional, las mujeres disponían de mucho tiempo libre y se entregaban a sus fantasías. Leían novelas románticas que les ofrecían aventuras y emociones que no podían vivir. Soñaban con liberación y aventuras sexuales, aunque en la práctica solo los hombres expresaban sus deseos, satisfaciéndolos con prostitutas o sirvientas.
Se creía que la masturbación provocaba graves problemas de salud en los hombres, como indolencia, trastornos digestivos, ceguera y tuberculosis, lo que justificaba la relación con una “mujer utilitaria”.
Racionalizando la sexualidad
El siglo XIX marcó el inicio de la psicología moderna. Psicólogos y psiquiatras comenzaron a categorizar científicamente emociones y pulsiones, distinguiendo entre conductas “normales” y “desviaciones”. Sin embargo, el conocimiento sobre conducta sexual era escaso; las mujeres seguían consideradas carentes de deseo sexual, y la masturbación masculina se veía como origen de la ociosidad.

Sigmund Freud y la transformación de la percepción de la sexualidad humana.
El cambio de siglo trajo el psicoanálisis de Sigmund Freud. Gracias a su obra, la visión victoriana quedó obsoleta y el ser humano, sin importar edad o género, fue reconocido como un ser sexual con deseos propios.
Bibliografía
- A. Sikora, Freedom, equality, violence. What we don't want to tell ourselves, Karakter 2019.
- Erasmo de Rotterdam, De civilitate morum puerilium, 1530.
- J.-B. de La Salle, Les règles de la bienséance et de la civilité chrétienne, París 1774.
- J. Michelet, L'amour, París 1858.
- N. Elias, On the process of civilization. Socio-psychogenetic analyses, W.A.B. 2011.
- N. Luhmann, The Semantics of Love. On encoding intimacy, Scholar 2003.
- Stans puer ad mensam, entre 1463 y 1483, traducido por Ewa Życieńska.