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Para evitar que la 'plaga' polaca llegara al territorio de la RDA: acoso y represión en la frontera

Apertura de la frontera Polonia‑RDA en los años setenta

La apertura de la frontera entre Polonia y la República Democrática Alemana (RDA) en los años setenta se presentó como prueba del fortalecimiento de las “relaciones fraternales”. Para los polacos supuso la posibilidad de viajar libremente sin necesidad de pasaporte; bastaba con el documento de identidad y cambiar marcos de oro en el banco.

Primeras visitas y desequilibrios comerciales

Los primeros viajes sorprendieron a muchos, ya que el mercado de la RDA estaba mucho mejor aprovisionado que el polaco. Sin embargo, la situación en Polonia mejoró rápidamente y las diferencias fueron disminuyendo, convirtiendo a la RDA en un destino turístico para los polacos y provocando un rápido aumento del número de viajes.

La crisis polaca y la presión comercial

En la segunda mitad de los setenta la crisis económica en Polonia provocó serios problemas para la adquisición de productos básicos. Los viajes a la RDA pasaron a ser casi exclusivamente de carácter comercial. Para el sistema capitalista occidental esa mayor demanda representaba una oportunidad de producción y beneficio, pero la economía planificada de la RDA no estaba preparada para absorberla. Las compras de los polacos, sobre todo en la zona fronteriza, se convirtieron en un verdadero problema de abastecimiento.

La escasez alimentó el desagrado de los comerciantes alemanes, que empezaron a ver a los “hermanos polacos” como una carga. Las autoridades comunistas de la RDA concluyeron que la única solución era cerrar la frontera con Polonia. Los preparativos comenzaron en 1979 y se preveían restricciones para principios de 1981.

El auge del Solidarismo y la reacción de la RDA

Todo cambió radicalmente después de agosto de 1980 con la aparición del sindicato Solidaridad. Las autoridades del bloque socialista lo consideraron “contrarrevolucionario” y su supresión se convirtió en prioridad también para la RDA. Simultáneamente, el Estado temía una “contaminación libertaria” proveniente de Polonia.

En octubre de 1980 se introdujeron nuevas normas para cruzar la frontera, anulando el acuerdo previo. Como resultado, el tránsito de personas prácticamente desapareció.

Para evitar que la  plaga  polaca llegara al territorio de la RDA: acoso y represión en la frontera

Los polacos se sentían atraídos por la RDA, entre otras cosas, por la mayor disponibilidad de mercancías en sus tiendas.

Intercambio comercial bilateral

El objetivo oficial era proteger el mercado interno “despilfarrado” por millones de polacos que compraban en la RDA. En la práctica, el intercambio era mutuo: los alemanes de la RDA también podían comprar en Polonia sin restricciones de cambio de divisas, adquiriendo recuerdos, ropa, electrónica, repuestos de automóviles y servicios de artesanos polacos.

Con la nueva situación política, esos beneficios quedaron en segundo plano. Para la RDA resultó prioritario bloquear la frontera para impedir que la “plaga polaca” se extendiera a su territorio.

Motivaciones políticas

El anuncio de las nuevas reglas sorprendió también a las autoridades polacas, que recibieron quejas de su Ministerio de Relaciones Exteriores por el trato a veces brutal. A pesar de la restricción, los informes diplomáticos polacos indicaron que el cierre casi total de la frontera no mejoró la escasez del mercado en la RDA, evidenciando un motivo estrictamente político.

Los testimonios de los consulados polacos mostraron que la actitud de la policía y de las oficinas alemanas hacia los ciudadanos polacos variaba según la situación política en Polonia. Se emplearon diferentes formas de acoso: a los polacos residentes permanentes en la RDA se les dificultaba o impedía regresar a Polonia.

Los polacos que intentaban viajar a Alemania Occidental recibían un trato aún más riguroso. Con frecuencia se les negaba la visa de salida‑regreso, aun cuando ya poseían la visa de entrada, o se les cancelaba la visa previamente concedida.

Las personas en matrimonios mixtos (polaco‑alemán) sufrían las peores consecuencias: la solicitud de permiso para viajar a Alemania afectaba negativamente el trato que recibían sus cónyuges alemanes, con denegaciones para viajar en familia a Polonia o para disfrutar de privilegios como la navegación en aguas internacionales.

Represión y denuncias

Los polacos que vivían en la RDA denunciaron casos de hostigamiento a sus embajadas, pero a menudo temían represalias y pedían anonimato. El acoso se extendía al entorno familiar y laboral. Para visitar Polonia era necesario un “carné de viaje” expedido por una oficina de la RDA; los plazos se alargaban y las solicitudes se rechazaban con frecuencia.

Para evitar que la  plaga  polaca llegara al territorio de la RDA: acoso y represión en la frontera

Muchos polacos soñaban con viajar a la RDA, pero la burocracia y la presión política hicieron que el sueño se desvaneciera.

Los empleados de los servicios de seguridad, la policía, el ejército e incluso funcionarios del partido tenían prohibido viajar a Polonia. Cuando debían hacerlo, tenían que justificar públicamente su ausencia en una reunión del partido, que siempre comenzaba con un informe sobre la “situación” polaca según la visión de la RDA.

Al mismo tiempo, la RDA presionó a los polacos residentes de forma permanente para que aceptaran la ciudadanía alemana. Según un informe al Ministerio de Relaciones Exteriores polaco, la presión provenía “no directamente de la policía, sino del entorno más cercano inspirado por ella, en el que el ciudadano polaco suele vivir aislado, intimidado y sin capacidad de defensa”. El número de solicitudes de cambio de nacionalidad aumentó rápidamente.

Hostigamiento en la frontera

Los controles aduaneros alemanes variaban según la evaluación política de la situación en Polonia. A veces se endurecían, otras se relajaban, pero con frecuencia se confiscaban mercancías, dinero y objetos “inapropiados”. En un caso se incautaron 31 000 marcos occidentales que el viajero llevaba legalmente, ahorros de su madre residente en Alemania Occidental; la intervención polaca no logró recuperarlos.

Un exprisionero de campos de concentración transportaba libros que fueron confiscados bajo el argumento de que contenían “ideología fascista, nazi o revanchista”. En realidad, los libros documentaban la visita del Papa a Alemania Occidental y recortes de prensa de 1932‑1933 sobre activistas del Partido Comunista alemán.

Las quejas de los viajeros polacos contra la aduana de la RDA se multiplicaron. No solo los que cruzaban de Polonia a la RDA, sino también los que transitaban por territorio alemán, sufrían abusos como la exigencia de pagar el asiento del tren en marcos orientales a tipo 1:1, o inspecciones exhaustivas que incluían el vaciado y el desarme de automóviles. Todo lo considerado “ilegal” era confiscado, incluso una simple barra de chocolate.

Los materiales vinculados a Solidaridad eran los más perseguidos: los sellos, la prensa y los distintivos fueron incautados; los transportes polacos que cruzaban la RDA fueron inspeccionados, los cargamentos de harina o ganado retenidos hasta su deterioro.

Ruptura de contactos personales

La política fronteriza también minó los lazos sociales: los propios guardias fronterizos evitaban el contacto entre ciudadanos y los antiguos vínculos privados fueron rotos. Los puestos de control en los pasos fronterizos fueron sustituidos y el tráfico turístico colapsó. En 1980 unos 110 000 alemanes de la RDA viajaron a Polonia en excursiones organizadas; en 1981 esa cifra cayó a apenas 7 000. El objetivo político se había cumplido.

Fuentes

Archivo del Ministerio de Relaciones Exteriores, W‑7, 10/87, Nota sobre las implicaciones del movimiento de personas entre la República Popular de Polonia y la RDA en 1981.