El mito del noble indio
Winnetou, hijo del jefe apache y héroe de la saga de Karl May, se presentó como un hombre justo, honesto y dispuesto a ayudar al oprimido. Esa imagen idealizada, difundida por el escritor alemán, influyó profundamente en la imaginación popular de América del Norte. Sin embargo, la realidad histórica era muy distinta.
Violencia y terror en la percepción europea
Los colonizadores europeos describían a los pueblos nativos como bestias crueles. Las historias de niños aterrorizados y de actos de barbarie servían para justificar la conquista. Un recuerdo de los iroqueses, famosos por su belicosidad, relata cómo arrancaban a niños del pecho de sus madres y los asaban en público.
«Ambos franceses se desnudaron, se pintaron la cara al estilo nativo y fueron recibidos por los aldeanos, que los obligaron a pasar entre dos filas de gente que los golpeaba con palos. Después los llevaron al centro del pueblo, donde se les quebraron uñas y se les torturó sin piedad».
Los iroqueses trataban a los prisioneros como espectáculo: los golpeaban, les arrancaban uñas, los desollaban y, en algunos casos, los cocinaban. Las mujeres, aunque a menudo violadas, tenían más posibilidades de sobrevivir, ya sea como esclavas o como esposas de guerreros.
Asesinos y bandoleros
Mientras Karl May mostraba a Winnetou como un caballero que luchaba cara a cara, los europeos veían a los nativos como embaucadores y asaltantes. Las emboscadas y los ataques sorpresa eran tácticas habituales. Los iroqueses, por ejemplo, preferían retirarse y negociar en lugar de morir en una batalla sin ventajas.
«No apreciaban la "muerte gloriosa" como los blancos; si la situación se volvía desfavorable, buscaban la retirada y la negociación, aun bajo condiciones desfavorables».
En 1860, cientos de kiowa y comanches atacaron Texas, violando, torturando y asesinando a colonos. Un relato describe la brutalidad sufrida por la familia Sherman, donde la madre fue violada y su cuero cabelludo arrancado en presencia de su hijo.
Robo y saqueo
El robo de ganado y caballos era una práctica común en las llanuras. Para los indios, el saqueo no era una deshonra sino una prueba de destreza guerrera. Los comanches, apodados “los demonios”, eran especialmente temidos por su habilidad para robar rebaños.
Entre 1603 y 1701, los iroqueses participaron en al menos 465 enfrentamientos, siendo agresores en 354 de ellos.
La danza del espíritu y el fin de una era
Los antropólogos actuales interpretan la violencia ritual como una forma de reforzar la cohesión tribal. Sin embargo, esas prácticas fueron usadas por los colonizadores para justificar masacres, genocidio y despojo de tierras.
El 29 de noviembre de 1864, el coronel John Chivington ordenó la masacre de 200 cheyennes y arapahos en Sand Creek, arrancando cueros cabelludos y mutilando a mujeres y niños. De manera similar, el 29 de diciembre de 1890, en Wounded Knee, el ejército abrió fuego contra Lakotas que realizaban su “danza del espíritu”, matando a cientos, entre ellos a la jefa Greatfoot.
Incluso escritores como L. Frank Baum, autor de El mago de Oz, abogaron por la “solución final” de los indios, pidiendo su exterminio total.
Bibliografía
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- Anna Czyż, Jesuit accounts as the basis for shaping the image of the Indian in the European consciousness of the 17th and 18th centuries, Tawacin, 2001.
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