La laureada polaca y su esposo investigaron elementos radiactivos durante años. Dos de ellos fueron descubiertos y descritos primero. Veinte años después, en una conferencia en EE. UU., pudo reflexionar sobre la importancia de esos logros.
El descubrimiento del radio en 1898 marcó el inicio de una larga trayectoria de trabajo, primero en conjunto con Pierre Curie y, tras su muerte, continuada por María Skłodowska‑Curie. En 1914, justo antes de la Primera Guerra Mundial, se inauguró el Instituto del Radio, donde se estudiaba la aplicación de la radiactividad en física, química y medicina, bajo la dirección de la propia Nobel polaca.
Incluso durante la guerra, la radiología resultó útil; ambulancias equipadas con máquinas de rayos X, a veces operadas por la propia física, fueron de gran ayuda en el frente. Lamentablemente, tras el armisticio, no había fondos suficientes para continuar la investigación, que requería materiales raros y costosos.
«Hemos obtenido buenos resultados»
En busca de financiación, la brillante científica, gracias al apoyo de la periodista Marie Mattingly Maloney, viajó a Estados Unidos en 1921. Durante seis semanas participó en conferencias de prensa, banquetes y dio charlas resumidas sobre su trabajo. En una de ellas, el 14 de mayo en el Vassar College de Nueva York, reflexionó de forma extraordinaria sobre… el radio.

María y Pierre Curie trabajaron durante varios años en la aislación del radio.
«El radio ya no es un niño; tiene más de veinte años», comenzó Skłodowska‑Curie su relato, mostrando grandes esperanzas sobre sus aplicaciones prácticas:
Desde el punto de vista práctico, la propiedad más importante de sus rayos es el efecto físico que ejercen sobre las células del cuerpo humano. Ese efecto podría resultar útil para tratar diversas patologías. Hemos obtenido buenos resultados en muchos casos, especialmente en el tratamiento del cáncer.
Era la perspectiva de usar el radio en medicina la que justificaba, según la física, la necesidad de obtener mayores cantidades del elemento, a pesar de su elevado precio. «El radio es cien mil veces más caro que el oro», admitió la Nobel polaca.
«Por la belleza de la ciencia»
Al mismo tiempo, Skłodowska‑Curie subrayó que la investigación no debe evaluarse solo por sus aplicaciones futuras; nunca se sabe para qué podrán ser útiles sus efectos. Citó su propia experiencia como ejemplo:
(…) cuando se descubrió el radio, nadie imaginó que tendría una aplicación terapéutica. El trabajo era puramente científico. Esto demuestra que la labor investigadora no puede juzgarse por su utilidad presente; se hace por sí misma, por la belleza de la ciencia, porque siempre existe la posibilidad de que un descubrimiento –como el del radio– beneficie a la humanidad.
«Siempre hay mucho espacio para la experimentación y espero que en los próximos años logremos avances hermosos», concluyó. En este aspecto, tenía razón: nunca se pueden predecir todos los usos de un descubrimiento.
Fuente
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- Palabras que cambiaron Polonia, ed. Joanna Wojdon, Dolnośląskie Publishing House, 2018.