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Phineas Gage: un hombre con el cráneo atravesado por una barra revolucionó la neurociencia

Un macabro accidente, un giro inesperado del destino y una mala suerte cotidiana: a veces los científicos descubren el funcionamiento del cuerpo humano de formas poco convencionales. Así fue con Phineas Gage, cuyo accidente cambió su personalidad y dejó una huella indeleble en la historia de la neurología.

Hoy sabemos que el corteza prefrontal es la zona del cerebro encargada de planificar acciones y prever sus consecuencias, actuando como un “freno” que inhibe conductas impulsivas generadas en el hipotálamo y el sistema límbico. Sin embargo, este vínculo no siempre fue evidente.

Para demostrar que el cerebro participa en la formación de la personalidad y que su daño puede alterar el comportamiento, los científicos necesitaban observar un caso in vivo. Aunque existen relatos antiguos de lesiones cerebrales, no fue hasta el siglo XIX que un caso documentado cambió el rumbo de la ciencia. Joseph Le Doux, en su libro The History of Our Consciousness, escribe:

«Aunque la corteza cerebral es parte de nuestro patrimonio como mamíferos, su versión humana posee características únicas que la distinguen de estructuras análogas en otros mamíferos, incluidos los simios. Analizarla nos permite comprender mejor las habilidades cognitivas de cada individuo. La zona prefrontal ganó notoriedad gracias al incidente de Phineas Gage.»

Phineas Gage: un hombre con el cráneo atravesado por una barra revolucionó la neurociencia

Una barra de hierro atravesó el cráneo de Gage, dañando gran parte del lóbulo frontal. Es un milagro que haya sobrevivido.

Un viernes 13 desafortunado

El 13 de septiembre de 1848, Phineas Gage trabajaba como capataz de ferrocarril cerca de Cavendish, Vermont (EE. UU.). Para romper rocas utilizaban cargas de pólvora introducidas en perforaciones y compactadas con una varilla de metal de 32 mm de diámetro y unos 6 kg de peso.

Se supone que la mecha debía quedar protegida, pero Gage olvidó cubrir la carga de pólvora. Un chispazo provocado por la fricción de la varilla con la roca hizo que la carga explotara. La varilla salió disparada como un proyectil, atravesó su cráneo y salió varios metros más allá.

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El impacto dejó una trayectoria inusual: la barra entró por la mandíbula superior, rompió la órbita ocular, cruzó el hemisferio izquierdo y salió destruyendo el hueso frontal. Los testigos aseguraban que Gage no tenía ninguna posibilidad de sobrevivir.

El hombre con un agujero en la cabeza llega al médico

Aunque el accidente parecía fatal, Gage tuvo suerte. La varilla, a diferencia de los modelos curvos habituales, era simple y fabricada a medida por un herrero local. Por eso solo dejó un agujero en el cráneo y el resto del cráneo permaneció intacto.

Tras el impacto, Gage logró ponerse de pie y, con ayuda, llegó a la carreta que lo llevó a la ciudad más cercana. Allí, alrededor de media hora después, se encontró con el doctor Edward H. Williams. El médico quedó horrorizado cuando Gage le describió el accidente; al inclinarse, «cayó medio vaso de tejido cerebral» del orificio superior (según notas de Williams). A pesar de la hemorragia, Gage permaneció consciente y soportó el dolor con valentía.

Posteriormente, el Dr. John Martyn Harlow atendió al paciente: le afeitó la zona, retiró coágulos, fragmentos óseos y tejido cerebral, y cerró la herida con dos tiras y un drenaje. Aplicó compresas húmedas, le puso una gorra y vendajes, y le indicó mantener la cabeza elevada durante la recuperación.

Phineas Gage: un hombre con el cráneo atravesado por una barra revolucionó la neurociencia

El proceso de recuperación fue lento y plagado de episodios de delirios y desorientación. Tras diez semanas, regresó a su familia en Lebanon y, al año siguiente, realizó trabajos ligeros en una granja.

Incapaz de volver a la construcción ferroviaria, pasó un tiempo como “exhibición viva” en el Museo Barnum de Nueva York y luego trabajó como conductor de diligencia de seis caballos en la ruta Valparaíso‑Santiago, Chile. En 1859 comenzó a sufrir convulsiones epilépticas que lo obligaron a abandonar el trabajo. Murió el 21 de mayo de 1860 tras una nueva crisis.

¿Cuánto cambió su personalidad?

Determinar con precisión el grado de transformación personal de Gage es complicado, pues hay escasa documentación de su carácter antes del accidente. Lo que sí se sabe es que la varilla dejó una marca permanente: «Su capacidad de razonar y tomar decisiones quedó gravemente afectada», escribe Le Doux.

Los testimonios de Harlow describen a un hombre impulsivo, incapaz de seguir planes y con un temperamento volátil, muy distinto al capataz responsable y respetado que era antes del accidente.

Phineas Gage: un hombre con el cráneo atravesado por una barra revolucionó la neurociencia

Sin embargo, relatos posteriores (por ejemplo, una crónica de 1860 basada en observaciones de 1858‑59) pintan una imagen más equilibrada: Gage había recuperado parte de sus habilidades sociales, lo que le permitió desempeñar con éxito el trabajo de conductor de diligencia, que requería coordinación motora y trato amable con los pasajeros.

Milagro o rutina de rehabilitación?

El caso de Phineas Gage demostró que el córtex prefrontal controla funciones mentales específicas y que, con el tiempo, el cerebro puede compensar ciertos daños. Le Doux cita al psicólogo ruso Alexander Luria, quien en el siglo XX confirmó, mediante la observación de veteranos de la II Guerra Mundial, que lesiones en la zona prefrontal provocan déficits de atención, pensamiento y planificación.

Con la revolución cognitiva, estas funciones se asociaron a la memoria de trabajo: el córtex prefrontal integra información, la almacena a corto plazo y la usa para dirigir el pensamiento y la acción.

Es probable que la actividad constante de Gage como conductor –planificar rutas de 160 km, alimentar y atar caballos, cargar equipaje y conversar con pasajeros– haya favorecido la recuperación de sus habilidades. Su rutina diaria, que incluía visualización mental de tareas, pudo haber estimulado la neuroplasticidad, al igual que las terapias de rehabilitación actuales.

Con los años, la historia de Gage se ha adornado con mitos: se le atribuyeron hábitos de juego o violencia que nunca se documentaron. Las convulsiones epilépticas de sus últimos meses pueden haber reforzado la percepción de que nunca recuperó su estado original.

En la comunidad médica, la historia del capataz se convirtió en un referente esencial, pues fue el primer caso bien documentado de daño cerebral vivo que vinculó el córtex prefrontal con la personalidad humana.

Fuente

Basado en el libro The History of Our Consciousness de Joseph Le Doux, publicado por Copernicus Center Press.

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