A pesar de problemas personales, usurpaciones y las dificultades de la política, las reinas de Inglaterra mantuvieron su cargo, afrontando crisis con distintos grados de éxito. ¿Conoces a todas?
El papel de la monarquía inglesa (y, a partir de 1707, la británica) ha evolucionado a lo largo de la historia. Hoy en día la figura del monarca es esencialmente simbólica: asesora y observa la política del Estado, pero no ejerce poder ejecutivo. El monarca también es jefe de la Iglesia Anglicana y, sobre todo, representa al país en actos oficiales.
En la tercera temporada de The Crown, la serie de Netflix, la reina le dice a su hermana:
"Si lo admitimos, todo se desmoronará. Así funciona la monarquía: ocultamos los problemas. Si actuamos con la confianza adecuada, nadie notará que todo se viene abajo".
Cuatro de las cinco monarcas gobernaron por sí mismas; una lo hizo a través del matrimonio, desempeñando sus funciones con brillantez y a menudo anteponiendo el deber real a su felicidad personal.
5. Carlota de Mecklemburgo-Strelitz – amiga de María Antonieta
Casada con el rey Jorge III el 8 de septiembre de 1761, Carlota permaneció fiel a su esposo pese a su enfermedad. Patrocinó las artes (apoyó a J.S. Bach y visitó la corte de Mozart en 1764) y fomentó obras benéficas, como orfanatos y hospitales en Londres. Intentó discretamente influir en la política de su marido, interesándose en la Guerra de Sucesión de Baviera (1778‑1779). Cuando la porfiria de Jorge empeoró, la reina cuidó de él, aunque él a veces mostró agresividad hacia ella.
Carlota mantuvo correspondencia con María Antonieta y preparó apartamentos en Inglaterra por si la reina francesa necesitaba refugio, aunque nunca llegó a usarlos. La ejecución de su amiga la impactó profundamente; Carlota vivió 25 años más, falleciendo en 1818.
4. Ana Estuardo – "mi corazón es completamente inglés"
Aunque sufrió múltiples abortos y la pérdida de varios hijos, Ana intentó controlar la situación del país. En su coronación en 1702 afirmó que "mi corazón es totalmente inglés", aludiendo al origen de su predecesor, Guillermo III de Orange.
Durante su reinado se expandió el comercio inglés en Europa y en las colonias, y el país se involucró en la Guerra de Sucesión Española. La "Era de la Reina Ana" vio florecer la literatura y las revistas políticas; Alexander Pope debutó en ese contexto.
La monarca normalizó las relaciones con Escocia; en 1707 se aprobó el Acta de Unión, creando el Reino de Gran Bretaña. Fue la primera soberana del nuevo reino y la última en ejercer veto sobre la política interna. En 1708 vetó la Ley para restablecer la milicia escocesa, temiendo que apoyara una invasión francesa.
Su estrecha amistad con Sarah Churchill, duquesa de Marlborough, generó controversia; la duquesa manipuló a la reina durante años. Ana puso fin a esa influencia en 1711, historia que inspiró la película The Favourite.
3. Isabel II – vida al servicio de la comunidad
Resulta imposible enumerar todos los acontecimientos que Isabel II vivió como jefa de Estado. Cuando ascendió al trono ya era querida por los británicos, gracias a su trabajo en la Women's Auxiliary Territorial Service durante la Segunda Guerra Mundial.
Dedica tres horas diarias a estudiar documentos oficiales. Los catorce primeros ministros con los que colaboró destacan su excelente sentido político. Nombró primer ministro en tres crisis constitucionales: Harold Macmillan (1957), Alec Douglas‑Home (1963) y Harold Wilson (1974).
Durante su reinado el Imperio británico se desintegró, pero ella mantuvo viva la Mancomunidad, donde cada primer ministro la consulta. En 1947, en un discurso en Ciudad del Cabo, declaró:
"Me comprometo a dedicar toda mi vida, sea larga o corta, al servicio de ustedes y de la gran comunidad imperial a la que todos pertenecemos".
Aunque se le criticó por el costo de la monarquía, bajo su gestión la Corona se convirtió en una empresa rentable, con beneficios estimados en 535 millones de libras. Gracias a su familia, modernizó la institución y la introdujo en el siglo XXI.
Su compromiso con el deber la llevó a ignorar advertencias, como en 1961 en Ghana, donde se le pidió mantener distancia del presidente Kwame Nkrumah. Su vida inspiró la serie de Netflix The Crown, que narra la monarquía británica en la segunda mitad del siglo XX.
2. Victoria de Hannover – la reina que no era tan pobre
Ascender al trono a los 18 años ya es un reto; enfrentarse a una madre dominante y a su favorita lo hace aún más difícil. Thomas Carlyle describió a Victoria como "¡Pobre reina! Apenas puede elegir un sombrero y ya tiene que afrontar tareas que harían retroceder a un arcángel".
Sin embargo, la monarca superó las expectativas. Colaboró estrechamente con sus primeros ministros, mostró interés por los asuntos coloniales y fomentó el desarrollo económico. En 1877 fue coronada Emperadora de la India. Cuando se conoció la hambruna en Irlanda, destinó fondos de su propio tesoro a los hambrientos.
Fue la primera monarca británica en viajar en tren y durante su reinado se introdujeron los sellos postales. Apodada "la abuela de Europa", sus descendientes ocupan tronos en España, Noruega, Suecia y Dinamarca. Al morir en 1901, el Times escribió: "El imperio llora su irreparable pérdida. Nuestra amada reina, cargada de años y honores, ha encontrado descanso eterno".
1. Isabel I – "Gobierno justo sobre mi propio reino"
Durante su mandato (1558‑1603) Inglaterra se convirtió en una potencia mundial, ganándose el sobrenombre de "la Gran". Isabel I reforzó la Iglesia Anglicana (el Acta de Supremacía la declaró cabeza de la iglesia), expandió la flota, impulsó el comercio y fomentó la creación de compañías mercantiles, como la East India Company fundada en 1600. Estos factores favorecieron el crecimiento de Londres, con la apertura del puerto y la fundación de la Bolsa en 1568.
Su época, conocida como el Renacimiento isabelino, es considerada una de las más brillantes de la historia inglesa. Era una mujer culta y curiosa, admirada por diplomáticos y científicos. Sin embargo, su carácter sociable se combinaba con una calculadora frialdad política. Como señala el historiador Henryk Zins, "sabía usar tácticas de espera, hipocresía, mentiras o coqueteo según lo requiriera el interés de la política inglesa".
En uno de sus últimos discursos al Parlamento, Isabel afirmó: "No busqué ampliar mis dominios, pues nunca tuve la intención de invadir a mi vecino o apropiarme de nada. Me basta con gobernar lo mío y hacerlo con justicia".