Las papas fritas no siempre fueron de patata
Durante la Segunda Guerra Mundial, la escasez obligó a los cocineros polacos a buscar sustitutos. En algunos libros de la época aparecen recetas de “papas fritas” hechas con calabaza, un vegetal abundante en otoño.
Hoy la calabaza vuelve a conquistarnos: en cafeterías se sirve café de calabaza y especias, y la sopa cremosa con curry y jengibre se ha convertido en un clásico de la temporada. Pero, ¿por qué esa receta de la época de hambruna nunca se impuso en la cocina polaca?
Ingredientes
60 dkg de calabaza
4 dkg de harina
4 dkg de manteca o 3 cucharadas de aceite
Sal al gusto
Un vaso de leche

Ilustración del libro Ocupación desde la cocina de Aleksandra Zaprutko‑Janicka.
Preparación
Corte la calabaza en tiras de aproximadamente 1,5 cm de grosor, salar ligeramente y pasarlas por harina. Cuando la harina se adhiera, reserve en un plato. Vierta un vaso de leche en una sartén y caliéntela hasta que empiece a hervir. Añada las tiras y fríalas, removiendo para que se cubran con la salsa que se forma (receta de Elżbieta Kiewnarska, 100 platos salvavidas de hoy).
Impresiones
La primera prueba fue un desastre: la calabaza rebozada se quemó al instante. En la segunda intenté mantener la sartén en movimiento y, aunque el aspecto recordaba a unas papas fritas, el resultado fue blando y se deshacía al transferirlo a la servilleta.

La salsa de leche, aceite y harina, reducida a fuego lento, tiene un sabor particular que, al combinarse con la calabaza, aporta poco más que una textura aceitosa. El plato resultó soso y, tras unos minutos, la calabaza y la salsa se convirtieron en una masa anaranjada.
Aunque carece de condimentos y resulta poco atractivo, la preparación es sorprendentemente saciante, cumpliendo su objetivo de alimento durante la ocupación. Personalmente, prefiero la calabaza en forma de sopa cremosa con curry y jengibre.