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El golpe de mayo visto por los diplomáticos alemanes

Guerra civil. No hay mejor escenario para vecinos hostiles. No sorprende, pues, que los alemanes reaccionaran con alarma ante la noticia del golpe de mayo. Siguieron de cerca los combates entre las fuerzas gubernamentales y las de Piłsudski, formulando sus propias hipótesis sobre el futuro.

Una semana después de los enfrentamientos, Ulrich Rauscher, enviado extraordinario y ministro plenipotenciario alemán en Polonia, remitió un informe detallado al Ministerio de Relaciones Exteriores sobre lo ocurrido en Varsovia. Su principal interés era analizar la conducta de los soldados de ambos bandos.

Piłsudski celoso y errores del Estado Mayor

En el informe, citado en el libro Germany defends itself against Poland 1918‑1933 de Robert Citino, se lee, entre otras cosas:

«Resulta imposible pasar por alto que los soldados de ambos lados combatieron con valor y astucia. La infantería y las reservas operaron ametralladoras bajo fuego enemigo, emplearon granadas de mano y supieron camuflarse eficazmente. Los cadetes y un regimiento de Gran Polonia sobresalieron especialmente».

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Según Rauscher, aunque el desempeño de los combatientes fue notable, la dirección dejó mucho que desear.

El diplomático fue menos elogioso con la artillería y la aviación, que consideró de escasa relevancia. Además, los bombardeos aéreos cayeron sobre viviendas civiles, provocando el enojo de la población.

Su crítica se centró principalmente en el liderazgo de ambos bandos. Acusó al Estado Mayor de haber colocado un batallón en un punto estratégico conocido por su lealtad al Mariscal, lo que provocó la rápida deserción de sus tropas. Por su parte, Piłsudski:

«no tuvo en cuenta la resistencia de los cadetes. Tras obtener la ventaja decisiva la primera noche, una rápida carga habría aplastado cualquier oposición. Su demora permitió que los cadetes recibieran refuerzos, lo que generó graves pérdidas en ambos lados. El hecho de que no se desencadenara una guerra civil se debió únicamente a la suerte».

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Rauscher concluyó que el golpe –término que él utilizó– tuvo un impacto claramente negativo en el ejército polaco, pues abrió una herida profunda que sólo podría curarse con tiempo y trabajo.

Asimismo, subrayó el papel crucial de los oficiales de bajo rango durante los combates, seguido por los soldados. Para él, una situación en la que el poder estatal dependiera de los cargos inferiores debía preocupar al nuevo gobierno.

Los alemanes evalúan la purga

En los círculos militares de Berlín las valoraciones fueron contradictorias. Como escribe Citino, por un lado los alemanes describían a Józef Piłsudski como:

«un líder militar fuerte, intrépido y carismático –aunque no necesariamente sabio– que sin duda haría todo lo posible por reforzar el ejército polaco».

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Por otro, resaltaban sus defectos, especialmente su tendencia a los celos, considerados una gran debilidad del jefe de la nación. Esa impresión se vio reforzada por las maniobras del Mariscal tras tomar el poder.

En otro informe enviado a mediados de agosto, Rauscher criticó duramente los cambios de personal impulsados por el nuevo gobierno. Señaló que Piłsudski intentaba unir al ejército mediante una serie de promociones, destituciones imprudentes y traslados. Detalló:

«En toda Polonia, los comandantes superiores que no le apoyaban, ya sea por lealtad o por hostilidad personal, fueron relegados a mandos de regimiento o trasladados a unidades fieles a Piłsudski, quedando así neutralizados».

Más de veinte comandantes de regimiento fueron sustituidos en las primeras semanas del golpe; sólo en Wielkopolska el proceso fue menos intenso.

Dos años después, Rauscher observó que el cuerpo de oficiales se mantenía unido solo por la personalidad casi mística del Mariscal. También advirtió que la selección de altos cargos se basaba más en la afinidad personal que en el talento militar.

Un informe enviado a Berlín el 10 de mayo de 1929 resumía la política de personal: gracias a la purga, Piłsudski se había asegurado el control total del ejército, pero a costa de eliminar a muchos oficiales experimentados. Los que permanecieron percibían que:

«sus capacidades militares ya no importaban tanto como su “Piłsudski” que debían demostrar una y otra vez». El diplomático opinaba que parecía que el ejército, en lugar de mejorar su capacidad de combate, se enfocaba en reforzar sus lazos internos.

El golpe de mayo visto por los diplomáticos alemanes

Los alemanes consideraban que su Reichswehr, tres veces más pequeña, podría enfrentarse sin dificultad al ejército polaco.

Los observadores también notaron que el equipo de la Sanación ponía gran énfasis en el desarrollo de su propia industria armamentista, esencial tras la recuperación de la independencia, cuando prácticamente no existían fábricas de armas en el nuevo estado. Así lo informó en 1931 el sucesor de Rauscher, Hans‑Adolf Moltke:

«En los últimos cinco años Polonia ha dado un gran salto en la industria de defensa. No cabe duda de que seguirá intentando ser autosuficiente en tiempos de guerra y liberarse de la dependencia de armas importadas en paz».

Se observó también progreso en la potencia de fuego de la artillería y en la dotación de ametralladoras para la infantería. Además, los alemanes no pasaron por alto que las formaciones blindadas habían experimentado un cambio importante en pocos años.

Ventaja 3 a 1: la Reichswehr se muestra superior

A principios de la década de 1930, la valoración alemana sobre las consecuencias del golpe de mayo era casi desalentadora para Polonia. Analistas de la frontera occidental afirmaban de forma inequívoca que, aun con 300 000 soldados, el ejército polaco no tenía ninguna oportunidad contra una Reichswehr tres veces menor.

El golpe de mayo visto por los diplomáticos alemanes

Robert Citino, en su obra, sostiene que Piłsudski fue directamente responsable del deterioro del ejército polaco en los años 30:

«La purga de oficiales austriacos y su sustitución por leales a Piłsudski privó al ejército de muchos oficiales capacitados y experimentados… Piłsudski no mejoró significativamente la formación de oficiales y soldados».

«Los informes de las maniobras indican que el ejército polaco estaba en muy malas condiciones: la artillería no podía apoyar a la infantería, los tanques quedaban atrapados en pantanos y la aviación no contribuía a las operaciones terrestres».

«Resulta imposible justificar a Piłsudski como comandante‑en‑jefe, pues no resolvió estos problemas».

Una visión triste y, a primera vista, poco halagadora. ¿Acaso el historiador estadounidense tiene razón? Quizá, al tomar el poder en mayo de 1926, el mariscal Piłsudski causó más daño que beneficio al ejército polaco, pese a sus buenas intenciones.

Fuentes

Trivia es la esencia de nuestro sitio: breves materiales que relatan anécdotas interesantes, datos sorprendentes del pasado y curiosidades de la prensa antigua. La lectura no supera los 3 minutos y se basa en fuentes únicas. En este caso, la información proviene de:

  • Robert Citino, Germany defends itself against Poland 1918‑1933, Erica Publishing Institute, 2012.