¿Pedofilia o especificidad de la época?
Lo que los sirvientes, institutrices y amantes reales hacían con el futuro rey Luis XIII resultaría impensable hoy día. Sin embargo, en la Francia del siglo XVII los chistes y juegos sexuales en presencia, incluso, de niños eran habituales.
Un pequeño exhibicionista
Según el diario del médico de la corte Jean Héroard (1551‑1628), Luis, que aún no había cumplido un año, se divertía cuando su criada le hacía cosquillas mientras mostraba "un pájaro" (eufemismo de su órgano genital). El príncipe, encantado, respondía levantando la túnica y mostrando el "pájaro" a quien le rodeaba.

Héroard, además de médico, era anatomista; sus anotaciones nos permiten conocer la extraña normalidad con la que se trataba la sexualidad infantil en la corte.
Al cumplir un año, el niño ya hacía reír a los presentes imitándolo: "Se reía a carcajadas, levantaba la túnica, mostraba el pájaro, lo apretaba en la mano y se estremecía". Ante la aprobación de los adultos, repitió el gesto ante la "señorita" de la visita, incluso acostándose de espaldas para que ella lo viera mejor.
Un "regalo" para la infanta
Cuando apenas tenía un año, Luis fue comprometido con la infanta española Ana. La corte, deseosa de que el príncipe comprendiera el significado del matrimonio, le preguntó: "¿Dónde está el amante de la infanta?" y él respondió señalando su "pájaro".
Otro pasaje perturbador del diario relata que, desnudo, el rey Luis XIII y su hermana se acostaron juntos, se besaron y él preguntó: "¿Dónde está el paquete para la infanta?" mientras mostraba su órgano al padre, diciendo que no tenía huesos.

Educación sin censura
Durante los primeros tres años de vida, el niño no recibió reprimendas por tocar sus genitales en tono de broma. La corte de María de Médici, aunque rígida en otros aspectos, estaba saturada de sexualidad. Las amantes del rey Enrique IV, como la marquesa de Verneuil, también participaban en estos juegos: le ponían la mano bajo la túnica y le permitían tocar sus pezones.
Héroard describe cómo la propia institutriz, bajo instrucciones del médico, le tocaba la camisa y el niño, al sentirse incómodo, gritaba: "¡No toquen mis pezones o me lo van a cortar!"

El pequeño desarrolló hábitos extraños: se negaba a ponerse la camisa diciendo "no camisa, primero la leche del pájaro" y simulaba ordeñar su propio órgano.
Primeras erecciones y curiosidad
Al despertar, Luis exclamaba: "¡Miren, mi pájaro está levantando el puente levadizo!" (referencia a una erección). A los cuatro años, la reina madre le mostraba la cama real y le preguntaba si había sido engendrado con su madre, lo que despertó más preguntas.
Una anécdota muestra cómo, al preguntar a la esposa del enfermero sobre objetos, el niño confundía medias, sedas y hasta una mosca, llamándolos "pájaros".

De los juegos propios al juego ajeno
Alrededor de los cinco o seis años, cuando los adultos dejaron de tocar sus genitales, Luis empezó a jugar con los de otros. Héroard narra que la señorita Mercier, una mujer de la corte, fue objeto de sus caricias y él incluso pidió que la enfermera le trajera varas para azotarla.

¿Una época sin inhibiciones?
El diario de Héroard ilustra perfectamente la mentalidad del siglo XVII: los chistes y juegos sexuales con niños no provocaban escándalo. El historiador jesuita François de Dainville afirmaba que, en el siglo XVI, "el respeto al niño era desconocido; todo tipo de palabras y gestos escandalosos estaban permitidos".

Hoy, un psicólogo encontraría estos comportamientos patológicos, pero en la Francia de entonces formaban parte de la educación y el entretenimiento de la corte.