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Historia del Ferrocarril Subterráneo y el legado de Harriet Tubman

El Ferrocarril Subterráneo y Harriet Tubman siguen inspirando a personas y organizaciones que luchan por escapar de destinos crueles.

El 10 de marzo de 2022 se cumplían 109 años del fallecimiento de la activista abolicionista y ex‑esclava Harriet Tubman.

Junto a los miembros del Ferrocarril Subterráneo, ella condujo a cientos de esclavos hacia la libertad.

El Ferrocarril Subterráneo

Historia del Ferrocarril Subterráneo y el legado de Harriet Tubman

A diferencia de lo que su nombre sugiere, el Ferrocarril Subterráneo no era una vía férrea real, sino una red clandestina de rutas y casas seguras en EE. UU.

Afro‑americanos y blancos ofrecían refugio y ayuda a los esclavos que huían del sur.

Su origen exacto es desconocido, pero operó desde finales del siglo XVIII hasta el final de la Guerra Civil.

Al inicio del conflicto, la red se volvió menos secreta, pues los esfuerzos para liberar esclavos también buscaban debilitar a la Confederación.

Los cuáqueros abolicionistas

Los cuáqueros fueron, probablemente, el primer grupo organizado que ayudó activamente a los esclavos fugitivos.

Su campaña contra la esclavitud data de finales del siglo XVII.

En 1776 el Congreso de EE. UU. prohibió a los cuáqueros poseer esclavos y, catorce años después, los cuáqueros exigieron la abolición total.

Su postura se basaba en la fe cuáquera: todos los seres humanos son iguales y merecen respeto. Además, defendían la igualdad de las mujeres mucho antes que la mayoría de sociedades del siglo XVIII.

Su activismo ganó fuerza y, en 1786, George Washington se quejó de que los cuáqueros intentaban liberar a uno de sus esclavos.

A principios del siglo XIX, Isaac T. Hopper, cuáquero de Filadelfia, organizó una red que facilitaba la huida de esclavos.

Los cuáqueros fundaron grupos abolicionistas en Carolina del Norte, estableciendo rutas y refugios que más tarde se integrarían al Ferrocarril Subterráneo.

Orígenes del término “Ferrocarril Subterráneo”

La primera referencia al “ferrocarril subterráneo” aparece en 1831, cuando un esclavo llamado Tice Davids escapó de Kentucky a Ohio y su dueño acusó a una supuesta red de ayudarlo.

En 1839, un periódico de Washington reportó que un esclavo, bajo tortura, confesó que planeaba viajar al norte por un “subway to Boston”.

La constante amenaza de los cazadores de esclavos motivó la creación de comités de vigilancia en Nueva York y Filadelfia, que protegían a los fugitivos.

Con el tiempo, esas redes se consolidaron y dieron origen al Ferrocarril Subterráneo tal como lo conocemos.

Terminología del Ferrocarril Subterráneo

Aunque la red era una metáfora ferroviaria, sus miembros adoptaron vocabulario propio:

  • Conductores: guiaban a los esclavos fugitivos hacia las “estaciones”.
  • Estaciones o depósitos: casas, iglesias y graneros que servían de refugio.
  • Maestros de estación: responsables de la seguridad en cada punto.
  • Accionistas: financiaban sobornos y gastos logísticos.
  • Pasajeros: los esclavos que recorrían la ruta.

La Ley de Esclavos Fugitivos de 1793

El Congreso otorgó a autoridades locales el poder de capturar y devolver a cualquier esclavo considerado fugitivo, convirtiendo en delito federal el ayudar a un esclavo escapado.

Los estados sin esclavitud rara vez aplicaban la ley, pero los “cazadores de esclavos” sembraban terror entre la población negra.

Rumores sobre la captura de niños libres y su traslado al sur intensificaban el miedo.

Cómo funcionaba el Ferrocarril Subterráneo

Cada travesía era única y extremadamente peligrosa bajo la Ley de Esclavos Fugitivos.

Generalmente, un agente de campo –a veces un sacerdote o médico itinerante– se hacía pasar por comerciante o censista para contactar a posibles fugitivos.

Tras ganar su confianza, el agente organizaba la primera fuga desde la plantación.

Los primeros pasos solían ser solitarios; solo al llegar a una estación el fugitivo encontraba a un conductor que lo acompañaba al siguiente punto, normalmente a un día de distancia.

Las casas‑estación contaban con pasadizos secretos y habitaciones ocultas. Allí el fugitivo recibía alimento, refugio y, en ocasiones, disfraces (por ejemplo, una mujer blanca de clase alta con un bebé).

Los accionistas financiaban todo el proceso.

Rutas y destinos

Las rutas se dirigían al norte, a los estados libres, pero la mayoría de los fugitivos continuaba hasta Canadá, donde la Ley de Esclavos Fugitivos no tenía vigor.

En Canadá podían vivir, trabajar, ser jurados y ejercer sus derechos plenamente.

Algunos intentos de extradición a EE. UU. fracasaron. En el extremo norte de los EE. UU. también existían comunidades que ofrecían protección.

En el sur profundo, la travesía era más ardua; los destinos seguros incluían México (territorio español) y Florida.

Los asentamientos temporales podían ser comunidades de esclavos liberados, nativos americanos amistosos o grupos religiosos.

Los “trabajadores subterráneos”

Se estima que alrededor de 3 200 personas formaban parte de la red, la mitad en Ohio.

Debido al secreto, no existía una organización formal; la reputación y la eficacia individual determinaban el papel de cada participante.

Muchos de esos héroes permanecen anónimos, al igual que el número exacto de esclavos que alcanzaron la libertad.

Harriet Tubman

Historia del Ferrocarril Subterráneo y el legado de Harriet Tubman

Araminta “Minty” Ross nació entre 1820 y 1822 en el condado de Dorchester, Maryland, hija de Harriet “Rit” Green y Ben Ross.

Tenía ocho hermanos; la esclavitud los separó desde pequeños.

A los cinco años fue prestada a otra familia para cuidar a su bebé; a los siete trabajó en los pantanos recogiendo trampas de musgo, incluso enferma de sarampión.

Prefería el trabajo físico en la plantación al servicio doméstico.

A los 12 años intervino para salvar a un esclavo que el capataz iba a aplastar con una pesada losa; la losa cayó sobre ella, dejándola con una lesión permanente que le provocó dolores de cabeza y narcolepsia.

Tras el accidente empezó a experimentar sueños y alucinaciones que describía como visiones religiosas, lo que la hizo menos “vendible”.

En 1840, a los 45 años, el dueño de Ben Ross lo liberó.

Más tarde, un abogado descubrió que la dueña anterior de su madre había estipulado su liberación a los 45 años, pero los nuevos propietarios ignoraron la cláusula, y legalmente no se podía impugnar.

Matrimonio y primera fuga

En 1844 se casó con John Tubman, un hombre libre. El matrimonio fue complejo: ella seguía siendo esclava, por lo que sus hijos habrían sido esclavos.

Algunos historiadores creen que fue entonces cuando adoptó el nombre Harriet Tubman.

En 1849 enfermó, lo que disminuyó su valor como esclava. Tras la muerte de su dueño, la viuda comenzó a vender a los esclavos de la hacienda.

Al enterarse de que sus dos hermanos serían vendidos, Harriet escapó con ellos el 17 de septiembre de 1849; su esposo decidió quedarse.

Dos semanas después, la viuda publicó un anuncio con recompensa por su captura.

Los hermanos, temerosos, regresaron y obligaron a Harriet a volver; ella escapó nuevamente, esta vez sola, usando el Ferrocarril Subterráneo y la ayuda de mujeres blancas simpatizantes, y alcanzó la libertad en Filadelfia.

El “manto de su pueblo”

Libre, Harriet trabajó como empleada doméstica, pero su objetivo era liberar a familiares y amigos.

Al enterarse de que la sobrina y los hijos de esta serían vendidos, volvió a Maryland y los condujo al norte.

El año siguiente repitió la hazaña con más parientes, descubriendo que su esposo John se había casado con otra mujer libre en 1851 y había permanecido en Maryland.

Aunque dolida, continuó ayudando a esclavos a escapar, realizando varias incursiones al sur.

La Ley de Esclavos Fugitivos de 1850 dificultó su labor: los conductores tenían que trasladar a los fugitivos durante la noche y bajo mayor riesgo.

Harriet portaba una pistola tanto para su defensa como para “disuadir” a quienes intentaran detenerla.

Para proteger a bebés y niños, los sedaba para evitar que sus llantos alertaran a los cazadores.

Formó amistad con otros abolicionistas, como Frederick Douglass, y organizó su propia red de Ferrocarril Subterráneo en el sur.

Se estima que condujo personalmente a 70 personas a la libertad y enseñó a otros a organizar sus propias fugas; nunca fue capturada ni perdió a ningún pasajero.

Harriet Tubman y la Guerra Civil

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Con el estallido de la Guerra Civil en 1861, Harriet encontró nuevas formas de combatir la esclavitud.

El Ejército de la Unión la reclutó para asistir a los esclavos fugitivos en Fort Monroe.

Trabajó como enfermera, cocinera y encargada de la casa.

Gracias a sus conocimientos de medicina herbal, curó a soldados y a esclavos enfermos.

En 1863 se convirtió en comandante de una red de espionaje y reconocimiento para la Unión, proporcionando información crucial sobre rutas y tropas confederadas.

Con los 700 esclavos que liberó, ayudó a formar regimientos negros de la Unión.

Solo décadas después el gobierno reconoció oficialmente su contribución militar y le otorgó una pensión.

Los últimos años de Harriet Tubman

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Tras la guerra, se estableció en Auburn, Nueva York, en una tierra que poseía.

En 1864 se casó con Nelson Davis, ex‑esclavo y veterano de la guerra.

Su primer esposo, John, murió tras una discusión con un hombre blanco en Maryland durante la década de 1860.

Harriet y Davis adoptaron a una niña llamada Gertie.

Mantuvo una política de puertas abiertas, financiando sus obras filantrópicas mediante la venta de productos agrícolas, la cría de cerdos y donaciones de amigos.

Aunque analfabeta, recorrió el noreste dando conferencias a favor del sufragio femenino, colaborando con Susan B. Anthony.

En 1869 adquirió terreno adyacente a su casa y fundó el “Harriet Tubman Home for Aged and Indigent Colored People”.

Las lesiones de cabeza sufridas en su juventud le causaron dolores crónicos; se sometió a múltiples cirugías.

En 1911 su salud se deterioró y fue ingresada en un asilo.

Harriet Tubman falleció el 10 de marzo 1913 a causa de una neumonía.

El Ferrocarril Subterráneo hoy

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La esclavitud contemporánea se manifiesta como trata de personas.

La ONU estima que 12 millones de personas viven en condiciones de esclavitud forzada o explotación sexual.

Organizaciones como Polaris Project (nombrado por la Estrella del Norte que guiaba a los esclavos), la Emancipation Network y International Justice Mission actúan como modernos Ferrocarriles Subterráneos, ayudando a víctimas a escapar.

Sus métodos incluyen intervención comunitaria, asistencia directa a los sobrevivientes y persecución legal de las redes traficantes.

En EE. UU., las rutas de escape para mujeres víctimas de violencia doméstica y para inmigrantes indocumentados también reciben el nombre de “Ferrocarril Subterráneo”.

Conclusión

Historia del Ferrocarril Subterráneo y el legado de Harriet Tubman

Más de cuatro siglos después de su creación, el legado del Ferrocarril Subterráneo perdura.

Siguiendo los pasos de sus predecesores, las redes actuales continúan liberando a hombres, mujeres y niños de la esclavitud moderna, brindándoles una vida libre y sostenible.

«He escuchado sus gemidos, sus suspiros y he visto sus lágrimas; daría cada gota de sangre de mis venas para liberarlos».

- Harriet Tubman, abolicionista, activista política y ex‑esclava.