La era turbo nace en Francia
En 1977 Renault irrumpió en la Fórmula 1 con el RS01, el primer coche con motor turboalimentado. Al principio la solución parecía poco fiable, pero en el Gran Premio de Francia de 1979, Jean‑Pierre Jabouille ganó y René Arnoux quedó tercero, demostrando el potencial de la turbina.
Potencia desbordante y riesgos crecientes
Los equipos aprovecharon una laguna normativa y montaron motores turbo que superaban los 800‑900 CV, conocidos como “engines‑granada” por sus explosiones frecuentes. Los circuitos, diseñados para velocidades menores, no estaban preparados y los accidentes se multiplicaron, muchos de ellos mortales.
Gilles Villeneuve: un favorito espectacular
El 8 de mayo de 1982, en la clasificación del Gran Premio de Bélgica en Zolder, el Ferrari rojo de Gilles Villeneuve chocó contra la parte trasera del coche de Jochen Mass. El impacto lanzó el monoplaza varios metros en el aire; Villeneuve salió despedido del cockpit y cayó contra la valla. Los servicios médicos llegaron de inmediato, pero aunque su pulso era detectable, no respiraba. Murió horas después en el hospital. La investigación culpó al propio piloto.
La muerte de Villeneuve dejó una profunda tristeza en los fanáticos y en Enzo Ferrari, quien siempre lo trató como a un hijo. Su estilo agresivo —“cuando otros frenaban, él aceleraba”— lo convirtió en una leyenda, aunque algunos se preguntan si su rivalidad con Didier Pironi, alimentada por un polémico incidente en Imola, influyó en su fatal decisión de arriesgarlo todo en Zolder.
Riccardo Paletti: 28 minutos en llamas
Un mes después, el 13 de junio de 1982, en el Gran Premio de Canadá, el Ferrari de Didier Pironi se averió en la salida. Mientras los demás pilotos aceleraban, Pironi quedó inmóvil. Riccardo Paletti, de Osella‑Ford, chocó contra el coche detenido a casi 200 km/h. El impacto provocó que el tanque de combustible se incendiara. Los bomberos tardaron 28 minutos en controlar el fuego. Paletti falleció en el hospital; el incendio no fue la causa directa de su muerte.
Paletti, rookie con una rigurosa preparación física y médica, había debutado apenas semanas antes. Su tragedia resaltó la falta de protocolos de seguridad en pruebas y carreras.
Pruebas mortales y el fin de la era turbo
Además de Villeneuve y Paletti, en los años 80 perdieron la vida Patrick Depailler y Elio de Angelis en pruebas. El accidente de de Angelis en 1986, cuando la ala trasera de su Brabham se desprendió en Paul Ricard, provocó un incendio que lo atrapó y lo llevó a fallecer 29 horas después.
Tras estas tragedias, la FIA obligó a contar con equipos médicos y helicópteros en todas las pruebas, y en 1989 prohibió totalmente los motores turbo. Se introdujeron jaulas de seguridad, pruebas de impacto y, finalmente, tras el fin de semana negro de San Marino en 1994, que cobró la vida de Ayrton Senna, se reforzaron aún más las normas de seguridad.
Así, la frenética década de los 80 dejó un legado dual: una explosión de potencia y espectáculo, pero también la urgencia de proteger a los pilotos, sentando las bases de la Fórmula 1 moderna.