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Recuerdos de Auschwitz: la pesadilla de un sobreviviente

Bogdan Bartnikowski tenía 12 años cuando fue enviado a Auschwitz. Sobrevivió, pero la pesadilla que vivió sigue persiguiéndolo.

Todos guardamos recuerdos en la memoria; algunos nos hacen sonreír al recordarlos, como una mirada inesperada, una sonrisa o el primer beso. Pero también hay recuerdos que desearíamos borrar. No todos caminamos sobre rosas. Yo y muchos de mis compañeros no tuvimos esa suerte. Tenemos memorias que quisiéramos eliminar para siempre. Basta de esas imágenes que vuelven día y noche, convirtiéndose en una pesadilla interminable.

Pesadillas nocturnas

Presiono un trozo de pan contra el pecho. Miro a la derecha y a la izquierda; no hay nadie. De repente, el kapo aparece detrás de mí, apuntando con su porra y gritando algo incomprensible. Corro, pero mis piernas son de algodón. Caigo en un pasillo estrecho; sus manos ya rozan la pared. El kapo se acerca…

Un tirón en el hombro. Abro los ojos. No hay kapo, no hay campo. Alguien me toca. Es mi esposa.

- ¿Qué te pasa? Gritaste, te ahogaste…

- Nada, es solo un sueño. Estuve allí.

- Otra vez…

- Sí, otra vez. Pero está bien. Duerme.

Recuerdos de Auschwitz: la pesadilla de un sobreviviente

Los prisioneros eran transportados a Auschwitz‑Birkenau en trenes de mercancías.

Miro al techo, cierro los ojos y trato de dormir… No, porque si el sueño vuelve, volveré a estar allí. Salgo sigilosamente al balcón; la calle está vacía, el cielo al este se tiñe de rojo y el sol asoma. Regreso a la habitación temblando de frío. Consulto el calendario: ¡10 de agosto!

El 10 de agosto

Ese 10 de agosto de 1944, en la calle Kaliska, Ochota, Varsovia, nos refugiamos en un sótano inmundo y abarrotado. No había agua, el hedor era insoportable y la noche se escuchaba con un miedo constante.

El grupo “Gustaw” partió en la noche. Decidieron dirigirse a los bosques de Chojnów; los heridos y los “idiotas” se quedarían. Yo y varios compañeros fuimos abandonados en el patio bajo una lluvia roja. Los SS, acompañados por los “Banda de la Brigada de la Armada Popular de la URSS del 29.º División Waffen‑SS”, se acercaban. No había escape; sólo esperábamos.

Los disparos se acercaban, la tensión se respiraba en silencio.

Desalojo

Los pasadizos clandestinos nos llevaban a casas vecinas. De pronto, los soldados nos empujaron por las escaleras. Mi madre fue empujada contra la pared, le arrebataron algo y gritó mientras el fuego se acercaba. La multitud nos arrastró por la calle Białobrzeska hacia Zieleniak y luego al tren de carga.

Recuerdos de Auschwitz: la pesadilla de un sobreviviente

- ¡Entra! ¡Rápido! – gritaban los gendarmes mientras nos empujaban.

Me senté contra la pared del vagón, apretado, con la puerta cerrándose de golpe. La oscuridad, los susurros, el llanto y la oración llenaban el compartimento. El tren avanzó hacia lo desconocido.

Viaje al desconocido

Después de veinte años, regresé al sitio para intentar cerrar la herida. Subí al tren, observé los barrios que pasaban por la ventana, pero el recuerdo del vagón de Birkenau era ineludible.

El olor a orina, el frío, la madre dormida sobre mi hombro… Llegamos a Częstochowa, rodeados de gendarmes y mujeres con agua. El claxon sonó, el tren siguió su ruta, y las monjas rezaban en medio del tumulto.

Al llegar a Oświęcim

El tren se detuvo; la luz de los faros nos cegó. Al salir, vi a los guardias de tiras, soldados y, a lo lejos, barracones de techo plano, chimeneas y alambres. El olor asfixiante me invadió. ¿Dónde estábamos?

El texto es un fragmento de los recuerdos de Bogdan Bartnikowski en el libro "Regresos a Auschwitz" (Prószyński i S‑ka, 2022).

El tren se acercaba a la estación OŚWIĘCIM. La puerta del recinto mostraba la inscripción ARBEIT MACHT FREI. El guardia me recordó: “Porque te trajeron a Birkenau”.

El horror del campamento

Los barracones de una planta eran el “campo de mujeres”. Mi madre estuvo allí. A la derecha, bloques de madera sin ventanas, bajo los cuales se alzaban filas de chimeneas. Los niños de la Insurrección de Varsovia, llamados “kleine polnischen Banditen aus Warschau”, vivían allí hasta octubre de 1944.

El paisaje actual, verde y con visitantes descansando, contrasta con la realidad de entonces: polvo, barro, sin un solo árbol. Las chimeneas del crematorio ya no se ven; solo quedan escombros.

Vida infantil en Auschwitz

Entré al bloque número trece, ahora vacío. Los catres de tres niveles seguían allí; cinco o seis niños compartían una sola manta rasgada. Éramos ciento cincuenta, entre diez y catorce años, bajo la vigilancia de kapos y criminales.

Recuerdos de Auschwitz: la pesadilla de un sobreviviente

Uno de ellos, Olek, era un kapo violento que nos golpeaba con placer. El señor Kazio distribuía el pan y, a veces, una cucharada de mermelada que él mismo derramaba sobre el pan, compartiendo lo poco que tenía.

La lucha por sobrevivir

Recuerdo la primera vez que intenté comer sopa sin cuchara. Usé la mano para lamer el caldo, mientras la ropa se empapaba. Al día siguiente encontré una cuchara rota en el barro y la limpié con esmero. Esa simple herramienta se volvió mi salvación en las siguientes comidas.

Fuentes

Fragmento de los memorias de Bogdan Bartnikowski, extraído del libro "Regresos a Auschwitz" (Prószyński i S‑ka, 2022).

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