Un libro que debería haber permanecido oculto
El nuevo ensayo de Marek Łuszczyna no busca negar la existencia de los campos de concentración polacos, ni minimizar la brutalidad de sus guardias. En cambio, muestra cómo, tras la liberación del Ejército Rojo, los campos siguieron funcionando bajo condiciones inhumanas.
Una investigación sin filtros
Marek Łuszczyna, autor que no rehúye los temas más delicados, presenta un informe impactante que destapa páginas prohibidas de la historia polaca. Poco después del fin de la Segunda Guerra Mundial, silesios, alemanes, soldados malditos y presos políticos que resultaban incómodos para el nuevo régimen fueron obligados a trabajar y morir en los antiguos campos de concentración alemanes.

La cruda realidad de los campos de concentración polacos posteriores a la guerra se revela en el libro de Łuszczyna, Mała zbrodnia (Znak Horyzont, 2017).
Durante años, el sufrimiento de estas víctimas ha permanecido en silencio.
Un informe histórico es una forma específica de mostrar el pasado. No pretende ser exhaustivo, sino un viaje en el tiempo: leemos los archivos de los perpetradores, nos adentramos tras los alambres de los campos y, junto a Łuszczyna, escuchamos los testimonios estremecedores de las víctimas.
dr. hab. Marcin Zaremba, autor de Gran Miedo
Parecería que, tras la liberación del último campo, todos esos lugares terribles se convertirían en símbolos de la degeneración humana, mausoleos que advertirían a las futuras generaciones…
Pero no en Polonia. Ahora las víctimas descubren cuán cerca estuvieron de convertirse en verdugos.
Michał Wójcik, coautor de Made in Poland y Birds of Prey