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Aviones de la Cruz Roja derribados: por qué los Aliados mataban a pilotos indefensos

La Batalla de Bretaña y el desprecio a la Convención de Ginebra

Durante la Batalla de Bretaña los pilotos no pensaban en tratados internacionales. Cuando un aviador británico cayó al agua, la única preocupación era sobrevivir.

El rescate de Geoffrey Page

El 12 de agosto de 1940, el oficial de la RAF Geoffrey Page fue derribado sobre el Canal de la Mancha. Tras saltar de su Spitfire incendiado, quedó atrapado en el agua, herido y a punto de perder el conocimiento. Un bote de rescate británico lo encontró, le entregó una toalla, una manta y un poco de licor para calentarle, y curó sus heridas.

Si hubiera sido alemán y hablado alemán, es probable que la tripulación lo hubiera dejado a la deriva y, como dicen los testigos, le habrían lanzado un insulto como "¡Llama a un submarino!".

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Sin la ayuda inmediata, Page habría muerto en las frías aguas del canal.

Los aviones de rescate alemanes

Los alemanes utilizaban hidroaviones como el Dornier Do 18, pintados de blanco, con marcas civiles y la Cruz Roja bien visible. Su objetivo era aterrizar cerca de los aviadores derribados, subirlos a bordo y devolverlos a la lucha.

Sin embargo, los Aliados empezaron a atacar estos aviones. No por la cruz roja, sino porque eran los primeros en salvar a los pilotos enemigos, lo que les permitía volver al combate rápidamente.

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En agosto y septiembre de 1940, los aviones alemanes rescataron a 72 aviadores aliados; entre ellos, varios británicos.

Orden de atacar los aviones de rescate

El 14 de julio, Fighter Command ordenó atacar cualquier aeronave marcada con la Cruz Roja. Alemania protestó citando la Convención de Ginebra, pero el Ministerio de Aviación británico alegó que esos aviones también realizaban misiones de reconocimiento y transporte de agentes.

La verdad era que, aunque algunos cumplían esas funciones, la mayoría se usaba exclusivamente para rescatar a sus pilotos. Ante la presión, los alemanes camuflaron sus aviones, mantuvieron la cruz roja y añadieron armamento y escolta de cazas.

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Disparos contra paracaidistas

Los pilotos que abandonaban sus aviones bajo paracaídas se convirtieron en blancos fáciles. En varios casos, tanto alemanes como británicos dispararon contra ellos, considerándolo un acto de venganza.

El comandante polaco Adolf Galland, al recibir la orden de disparar a los pilotos que descendían en paracaídas, respondió a Hermann Göring: "Lo consideraría asesinato". A pesar de su objeción, la práctica continuó en ambos bandos.

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Testimonios de la época describen escenas de horror: pilotos que, al abrir el paracaídas demasiado pronto, eran alcanzados por cazas enemigos y caían sin posibilidad de defensa.

Consecuencias y cifras

Entre el 10 de julio y el 31 de octubre de 1940, los Aliados perdieron alrededor de 2.500 aviadores (muertos o capturados) y 1.000 heridos. Los Alemanes sufrieron aproximadamente 550 muertos o capturados y 500 heridos. La población civil también pagó un alto precio.

El esfuerzo de los pilotos aliados, a pesar de la brutalidad, fue decisivo para la victoria en la Batalla de Bretaña.


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