Apertura y contexto
En julio de 1940 se inauguró en Viena la clínica Am Spiegelgrund, destinada oficialmente a niños considerados “inútiles” por el régimen nazi. El edificio, compuesto por nueve edificios con capacidad para 640 personas, recibió a los menores que fueron trasladados durante la Acción T4, la política de eutanasia del Tercer Reich.
Selección y diagnóstico
Los médicos del régimen evaluaban a los niños según criterios raciales y eugenésicos: discapacidades físicas o mentales, rasgos “degenerados”, origen judío o cualquier comportamiento que no encajara con el ideal nazi. Basta con que el expediente incluyera la palabra “idiota” para que el niño fuera catalogado como “no apto”.
Eutanasia y torturas
Los niños que no cumplían con los requisitos del “ciudadano perfecto” eran considerados una carga para el Estado. Tras la evaluación, recibían una de tres destinaciones: seguimiento médico, liberación del centro o muerte programada. La eutanasia se llevaba a cabo mediante intoxicación, negligencia deliberada o torturas como descargas eléctricas, inmersión en agua helada, inyecciones de sulfuro y uso de barbitúricos como el Luminal o el Veronal. Los fallecimientos se encubrían con diagnósticos falsos, como neumonía o crisis convulsivas.
Experimentos y tráfico de cuerpos
Los cuerpos de los niños muertos eran enviados al laboratorio del Dr. Heinrich Gross, quien los disecaba y conservaba en formol “para fines de investigación”. Gross recogía fragmentos cerebrales y recibió la Cruz Austriaca de Mérito en Ciencia y Arte, pese a la naturaleza macabra de sus estudios.
Complicidad de los padres
Algunos padres, adoctrinados por la ideología nazi, entregaban a sus hijos “defectuosos” a los especialistas. El caso emblemático de Gerhard Kretschmar, de cinco meses, fue autorizado por Hitler tras la evaluación del médico del régimen Karl Brandt; el bebé murió tras recibir barbitúricos, y su fallecimiento se registró como “insuficiencia cardíaca”. Este episodio desencadenó la política de eliminación de niños “dañinos”, que culminó con la muerte de cerca de 800 menores en Am Spiegelgrund.
Legado y conclusiones
Am Spiegelgrund ilustra el extremo al que llegó la ideología de la “nación perfecta” bajo el nazismo, donde la ciencia se utilizó como excusa para la exterminación sistemática. La Acción T4 no solo afectó a niños, sino también a adultos de instituciones psiquiátricas, y sirvió de antecedente directo a los campos de exterminio que seguirían.
Bibliografía
- Sheffer, E., Children of Asperger. Medicine at the service of the Third Reich, Poznań Publishing House, 2019.

Imagen: Sala de juegos del Hospital Infantil, 1921.

Instalaciones de Am Spiegelgrund.