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Una ideología enfermiza: los horribles experimentos nazis en la Segunda Guerra Mundial

Todo conflicto armado desata la maldad, pero los crímenes de los seguidores de Hitler siguen siendo particularmente espantosos.

Resulta increíble que médicos, guardianes de la vida, se convirtieran en auténticas bestias sedientas de sangre. Los experimentos de Josef Mengele y sus colaboradores incluyeron esterilización química, envenenamiento deliberado, incendios y otras atrocidades que aún hoy nos recuerdan las páginas más oscuras de la historia.

Humanos, criaturas “menos que animales”

La propaganda del Tercer Reich convencía a muchos alemanes de que eran una raza de superhombres, una interpretación distorsionada del concepto nietzscheano del "Übermensch". Los nazis proclamaban una supuesta superioridad biológica y pureza racial, relegando a judíos, gitanos, polacos, serbios y rusos a la categoría de no arios, “inferiores” e incluso “menos valiosos que los animales”.

Curiosamente, el 24 de noviembre de 1933 se aprobó en Alemania la ley de protección animal (Tierschutzgesetz), impulsada por Adolf Hitler, vegetariano y amante de los perros. Sin embargo, los responsables de los crímenes médicos consideraban que el progreso de la medicina justificaba sacrificios humanos: cientos, miles o millones de prisioneros despojados de vida y dignidad.

Rompiendo límites: la locura como experimento

Los médicos alemanes no dudaron en usar a los presos de los campos de concentración como cobayas. En el campo de Dachau se llevó a cabo una serie de investigaciones diabólicas que servían al Estado fascista.

Una ideología enfermiza: los horribles experimentos nazis en la Segunda Guerra Mundial

Georg August Weltz, radiólogo y jefe del Instituto de Medicina Aeronáutica, dirigió experimentos de presión extrema. Prisioneros eran encerrados en cabinas donde el aire se comprimía o diluía bruscamente para simular altitudes de hasta 20 km. La presión descendente provocaba que los sujetos perdieran la razón, se arrancaran el cabello y sufrieran hemorragias intracraneales, con la mayoría muriendo poco después.

Malaria y mosquitos asesinos

El médico nazi Claus Schilling inyectó a 1 000 prisioneros 69 cepas de malaria; la variante más virulenta, proveniente de Madagascar, provocó la muerte de la mitad de los “sujetos”. Los sobrevivientes quedaron con una capacidad física permanentemente reducida.

Además, los nazis buscaban desarrollar un arma biológica basada en mosquitos infectados con malaria. Eduard May, biólogo en Dachau, diseñó pruebas para evaluar la resistencia de los insectos durante vuelos prolongados, planeando utilizarlos como “portadores del fin”.

Esterilización: la vergüenza racial

Para garantizar la “pureza” de la raza, médicos como el profesor Carl Clauberg realizaron esterilizaciones forzadas en cientos de mujeres judías en el bloque 10 del campo de Auschwitz. En lugar de la cirugía, se inyectaron sustancias corrosivas como formalina directamente en el útero, bajo la protección del médico personal de Himmler, Karl Gebhardt, presidente de la Cruz Roja Alemana.

Una ideología enfermiza: los horribles experimentos nazis en la Segunda Guerra Mundial

Fuego vivo, hielo mortal

En los campos de exterminio se estudiaron los efectos de la hipotermia y se buscaban métodos para reanimar a víctimas congeladas. En Buchenwald, prisioneros fueron convertidos en “antorchas humanas” para probar ungüentos como “R17”, “Echinacín” y “Echinacín extra” en quemaduras de fósforo.

También se llevaron a cabo extensos experimentos con fiebre tifoidea bajo la supervisión del profesor Eugen Gildemeister, infectando a los internos para observar la progresión de la enfermedad con la precisión característica de la medicina nazi.

Hambre, sufrimiento y genética del terror

El oficial SS Johann Paul Kremer estudió los efectos de la desnutrición en Auschwitz, seleccionando a los prisioneros más demacrados, matándolos con fenol y realizando autopsias para documentar los cambios anatómicos.

Se rumoraba la producción de caldos a base de músculo humano para estudiar el impacto bacteriano en hígado, riñones y estómago, una forma macabra de canibalismo científico.

El infame Josef Mengele dirigió investigaciones genéticas en el llamado “mortuario” de Dachau, enfocándose en gemelos, enanismo y anomalías hereditarias. Los cuerpos de los fallecidos fueron a veces convertidos en guantes, zapatillas o bolsos para mujeres, una última muestra del precio que la “ciencia” exigía.

Los juicios de Núremberg y la herencia ética

Los crímenes médicos nazis impulsaron la creación, en la Convención de Ginebra de 1948, del moderno juramento de Hipócrates, conocido como la Declaración de Ginebra, que ha sido revisado en los años siguientes para proteger la dignidad humana.

Una ideología enfermiza: los horribles experimentos nazis en la Segunda Guerra Mundial

Los experimentos de los discípulos de Mengele, la esterilización química, el envenenamiento deliberado y los incendios son solo una pequeña muestra del horror que se vivió durante la Segunda Guerra Mundial.