historia historica

Piratas asiáticos y la batalla final en el extremo del mundo

Un Thermopylae olvidado

Así como cada nación tiene su propia Thermopylae, también la historia del imperio español cuenta con una confrontación poco conocida: el enfrentamiento entre los piratas wakō y las fuerzas coloniales en el extremo norte de Filipinas.

El auge del imperio español

En el siglo XVI España dominaba los mares del mundo. Sus flotas transportaban oro, seda y especias, y sus dominios se extendían por cuatro continentes. Esta riqueza despertó la envidia y el temor de potencias y corsarios por igual.

¿Japoneses o chinos?

En las Filipinas, colonizadas desde 1565, el comercio con Japón floreció, sobre todo alrededor de 1573. Sin embargo, la actividad pirata de Tay Fusa y sus wakō interrumpió este intercambio. Los historiadores no están seguros de su origen: el nombre “Tay Fusa” suena más chino, mientras que el término wakō proviene del japonés wa (Japón). Los chinos usaban la palabra para describir a los piratas que asolaban sus costas, y también la variante wōkòu, que literalmente significa “bandido enano”. En realidad, los wakō eran una coalición de japoneses, chinos, malayos y, en algunos casos, europeos.

El problema pirata

En 1580 Tay Fusa invadió la provincia de Cagayan, en el extremo norte de Luzón, y obligó a los habitantes a someterse. El gobernador‑general de Filipinas, Gonzalo Ronquillo de Peñalosa, informó al rey Felipe II que los japoneses eran guerreros bien armados, con artillería, arcabuzeros y piqueros, y que, además, contaban con el apoyo de los portugueses, antiguos enemigos de España.

Piratas asiáticos y la batalla final en el extremo del mundo

Juan Pablo de Carrión fue designado para la misión, pese a su escasa experiencia militar. Disponía de 60 tercios, unos 1 000 marineros y unidades auxiliares locales, frente a más de mil piratas ansiosos de botín y sangre.

Choques en alta mar

En junio de 1582 la flota española, compuesta por siete barcos (solo una galera bien armada), se encontró con la nave de Tay Fusa y la destruyó con superior fuego. Poco después, un gran sampán wakō se enfrentó a la galera española. Se produjo un abordaje donde los soldados españoles se vieron cara a cara con ronin armados con katanas y armaduras. Tras una feroz resistencia, los españoles lograron formar una muralla de piques y fuego de mosquetes que detuvo a los atacantes.

Una segunda nave española acudió en ayuda, derribó a los piratas y muchos de ellos, al saltar al mar con armadura, se ahogaron.

La batalla de la desembocadura del río Cagayan

La flota llegó a la desembocadura del río Cagayan (también llamado Río Grande de Cagayan) a mediados de junio. Allí encontraron 18 unidades piratas y un fuerte con 600 guerreros bajo el mando de Tay Fusa. Tras romper las ligeras embarcaciones wakō, los españoles tomaron la posición enemiga.

El enfrentamiento final

Carrión desembarcó tropas y preparó defensas. El humo de la pólvora cubría los cañones que disparaban contra los piratas. Estos ofrecieron retirarse a cambio de una generosa indemnización; el comandante español rechazó la propuesta y exigió la rendición incondicional.

Piratas asiáticos y la batalla final en el extremo del mundo

Los wakō lanzaron tres ataques frontales, pero los españoles, con sus armas aceitada y una lluvia de balas, los repelieron. Tras el tercer asalto solo quedaban 30 soldados en las trincheras, sin pólvora ni munición. Sin perspectivas de refuerzos, Carrión ordenó un contraataque disciplinado. Los tercios, exhaustos pero decididos, avanzaron y obligaron a los piratas a abandonar sus armas y rendirse.

La victoria costó aproximadamente 800 muertos a los españoles y marcó el declive de los wakō en la zona durante muchos años. Juan Pablo de Carrión desapareció de los registros históricos después de la batalla.