El “Pequeño Auschwitz” en Łódź
El ghetto de Łódź no ofrecía escapatoria. Dentro de sus límites, la Sicherheitspolizei instaló el Polen‑Jugendverwahrlager der Sicherheitspolizei, un campo de trabajo forzado destinado a niños polacos.
Origen y apertura
El 28 de noviembre de 1941, Heinrich Himmler aprobó la construcción de un nuevo campo en Łódź, esta vez para menores polacos. Para él, el proyecto era una oportunidad para “selección racial” y para eliminar lo que consideraba una amenaza moral para los niños alemanes.
El campo abrió sus puertas el 11 de diciembre de 1942. Dos semanas después, Himmler escribió a sus allegados: «Hay mucho trabajo por hacer, pero no me importa; será un año muy duro y el más exigente para todos nosotros».
Funcionamiento del campo
Desde el primer día, el campamento recibió niños y niñas, a pesar de que oficialmente sólo estaba destinado a varones. Según el libro Mały Oświęcim. Campamento infantil en Łódź de Jolanta Sowińska‑Gogacz y Błażej Torański, los internos recibían números en lugar de nombres: “Al Zdzisio Włoszczyński le dieron el número 1, a Halinka Szturma el 2, a Miecio Wlazło el 3…”.
El objetivo era “ayudar a Himmler a crear una sociedad aria ideal”. Niños de 8 a 16 años eran recluidos, aunque en la práctica incluso bebés arrancados de sus madres fueron encerrados.
Deshumanización y trabajo forzado
Al llegar, los menores pasaban por un proceso similar al de Auschwitz: se les asignaba un número colgado del cuello y se les vestía con ropa usada. Tadeusz Raźniewski recordó: «Recibí ropa de mezclilla, una camisa, calzoncillos largos, un gorro de forraje, pantuflas, un abrigo viejo, una manta, un cuenco de hojalata… Sechshundertvierundzwanzig. A petición del alemán, colgué el número al cuello. Desde entonces, ya no soy un niño».
El trabajo era extenuante: los niños confeccionaban zapatos de paja, tapetes para tanques, cestas, correas para máscaras de gas y piezas de cuero para mochilas. Las niñas se dedicaban a coser, limpiar y ayudar en la cocina.
El día a día se resumía en una sucesión de sufrimientos: «Grito. Trabajo. Llanto. Golpes. Patadas. Sangre. Llamado. Latigazo. Miedo. Detención. Sopa rancia. Fiebre. Insomnio. ¡Alerta! Infierno sin salida».
Hambre, frío y terror psicológico
Los guardias mantenían a los internos en constante confusión. Un día premiaban a los niños que admitían tener piojos con un trozo de pan; unos días después castigaban severamente a los que confesaban. El hambre era extrema, pero el frío, la falta de calorías y la exposición constante al clima fueron lo peor, según testimonios recogidos por los autores.
Motivos de detención
Las excusas para arrestar a los niños eran arbitrarias: “hija de un profesor polaco”, “tirar pan al gueto”, “perturbar a los niños alemanes”, “tener cerillas”. Orfanatos, niños que mendigaban o deambulaban por las calles, e incluso hijos de miembros de la resistencia eran capturados y enviados al campo.
Destino de los “niños arios”
Si, tras los exámenes raciales, resultaban “suficientemente arios”, los menores eran trasladados a centros de germanización y, eventualmente, incorporados a las organizaciones juveniles del Reich.
Esta práctica, aunque contraria a la legislación del Tercer Reich, era tolerada por la ideología nazi que buscaba crear una superraza a cualquier costo.
Conclusiones
El campo de Przemysłowa fue, en palabras de sus administradores, una forma de “matar dos pájaros de un tiro”: eliminar posibles focos de resistencia polaca y obtener mano de obra barata para el esfuerzo bélico. Los niños murieron de hambre, enfermedad y agotamiento, sin necesidad de cámaras de gas.
Los testimonios de los sobrevivientes aparecen recopilados en Mały Oświęcim. Campamento infantil en Łódź, publicado recientemente por Prószyński Media.
Fuente
Basado en el libro de Jolanta Sowińska‑Gogacz y Błażej Torański Mały Oświęcim. Campamento infantil en Łódź, editado por Prószyński Media.