La Sala de Ámbar es uno de los objetos más codiciados del mundo. El último lugar "seguro" donde se sabía que estaba fue el castillo de Królewiec. Al final de la guerra los alemanes la retiraron y la ocultaron. En Polonia se han registrado más de veinte posibles emplazamientos, pero ninguno ha dado resultados. ¿Podría haber desaparecido por completo?
La Sala de Ámbar es un conjunto de decoración palaciega creado por artesanos de Gdańsk. En 1716 el rey prusiano Federico Guillermo se la regaló al zar Pedro el Grande. Durante la Segunda Guerra Mundial los nazis la saquearon del palacio de Tsarskoye Selo, cerca de San Petersburgo, y la trasladaron a Królewiec, donde quedó guardada en los sótanos del castillo. Tras la captura de la ciudad por el Ejército Rojo la sala desapareció sin dejar rastro.
Carga misteriosa
Włodzimierz Antkowiak, en su libro Poszukiwacze zagubionej komnaty, señala que se han investigado al menos varios cientos de sitios, no sólo en Polonia, sino en todo el mundo, y que el número sigue creciendo.
Una obra maestra de ámbar, si no se encuentra, tiene todas las posibilidades de convertirse en uno de esos tesoros inmortales cuya búsqueda es tan legendaria como la del Santo Grial, las tumbas de Alejandro Magno, Atilla o Gengis Kan, el tesoro de la Isla Oak, el oro inca de los Andes, etc.
En Polonia, sobre todo en la zona norte y suroeste (territorios alemanes antes de 1945), abundan relatos de camiones nazis que, en los últimos días del conflicto, descargaban cajas con "carga misteriosa".
Tras la evacuación de Königsberg, se planificó ocultar la Sala en distintos lugares: Dzików Iławecki (palacio de la familia Schwerin), el castillo de Lidzbark Warmiński, murallas teutónicas de Człuchów, la fortaleza de Pasłęk, el castillo medieval de Bolków, la Srebrna Góra, la zona fortificada de Międzyrzecki, la laguna de Vístula o el lago Resko Przymorskie, los naufragios alemanes “Gustloff” y “Karlsruhe”, o los búnkeres nazis de Mamerki, entre otros.
La historia de la búsqueda ha estado marcada por episodios grotescos y divertidos, pero también por una profunda decepción.
Radiestesistas y martillos neumáticos
En la década de 1980 surgieron rumores de que la Sala había sido encontrada en el sótano del castillo teutónico de Pasłęk. El radiestesista Edward Trusielewicz aseguró, con gran convicción, que la cámara estaba a diez metros de profundidad, sellada con ladrillos y posiblemente minada. El doctor Lucjan Nowak, también teleradiestesista, "sintió" una tonelada de ámbar en el mismo punto.
Un equipo oficial del Ministerio de Cultura inició la búsqueda en 1981, pero fue interrumpida por la imposición de la ley marcial. La investigación se reanudó en la República de Polonia, sin lograr localizar la sala.
El libro de Antkowiak, recientemente publicado por Bellona, recoge estas y otras historias que siguen alimentando la leyenda.
El gauleiter Erich Koch y la pista equivocada
Los únicos que sabían con certeza el destino de la Sala fueron algunos altos oficiales nazis, entre ellos el gauleiter de Prusia Oriental, Erich Koch. Consciente del valor que la obra tendría para los soviéticos y los Aliados, Koch intentó usarla como moneda de cambio para salvar su vida.
Koch escapó a Alemania antes de la caída de Königsberg, fue capturado por los británicos y entregado a Polonia, donde fue juzgado y condenado a muerte por crímenes contra la humanidad. Sin embargo, murió de causas naturales en 1986, tras pasar años en la prisión de Barczewo.
En 1964, agentes del KGB lo interrogaron en la cárcel; Koch afirmó que la Sala nunca abandonó Królewiec y que estaba oculta en un búnker secreto, a condición de que los soviéticos le permitieran regresar a la ciudad. La propuesta nunca se concretó.
Durante los años noventa, supuestos "guardianes" de la prisión ofrecieron documentos y memorias de Koch a coleccionistas internacionales, alegando que el gauleiter había escrito que la Sala estaba enterrada en su finca de Krasne, Mazovia. Las notas, sin embargo, nunca mencionan la Sala de Ámbar.
El tesoro de Mamerki
Otro foco de búsqueda está en la zona de Mamerki, en Masuria. Allí, durante la guerra, funcionó el cuartel general del Oberkommando des Heeres (OKH), llamado en código "Anna". El complejo comprendía 250 edificios, 30 búnkeres de hormigón y alojaba a unos 1 500 soldados, generales y mariscales.
Según testimonios de un exsoldado alemán, en el invierno de 1944/45 se trasladaron allí cajas con "cargas misteriosas". La leyenda quedó arraigada y, hoy, los restos de los búnkeres atraen a miles de turistas.
¿Y si la Sala nunca existió?
Una hipótesis más sombría sostiene que la Sala fue destruida en los últimos días de la guerra. En 1971 se emitió en Polonia y la RDA el documental El secreto de la cámara de ámbar, que presentó la declaración de Liesel Amm, una profesora de Berlín.
Amm afirmó haber acompañado a la hija del curador del museo del castillo de Königsberg, el doctor Alfred Rohde, quien intentó salvar la obra durante los bombardeos de 1944. Según su relato, tras el segundo ataque nocturno el salón quedó reducido a una masa fundida de ámbar y madera carbonizada.
Los investigadores probaron la hipótesis quemando ámbar: bajo el fuego adquiere un tono negro‑verde, nada parecido a la "miel" descrita por Amm. Además, no existen testimonios de otros empleados del museo que confirmen la destrucción total.
Antkowiak considera poco plausible que el propio Rohde haya ocultado la verdad, ya que la Sala permaneció oficialmente en Królewiec hasta el final del conflicto.
Sea cual sea su destino, la leyenda de la Sala de Ámbar sigue inspirando a cazadores de tesoros y a historiadores que sueñan con descubrir el "Santo Grial" del arte del ámbar.