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La traición de Himmler: el intento de paz que selló su destino

Los primeros contactos de paz

En los primeros meses de 1945, Heinrich Himmler, Reichsführer‑SS y mano derecha de Hitler, empezó a explorar la posibilidad de negociar con los Aliados. A diferencia de Hitler, que se negaba a ceder pese a la catástrofe en los frentes, Himmler consideraba que la única salida era una paz separada, sobre todo con la Unión Soviética, aunque seguía insistiendo en seguir luchando contra Gran Bretaña "con toda energía y crueldad".

Según el diario de Goebbels, Himmler creía que, aunque militarmente era imposible ganar, "un camino político se abriría a largo plazo y aún podríamos dar la vuelta al resultado de la guerra". Su foco estaba en el Oeste, no en el Este.

10.000 prisioneros de los campos

La relación entre Hitler y su principal colaborador se deterioró aún más cuando el Führer culpó a Himmler del colapso del Grupo de Ejércitos del Vístula frente al Ejército Rojo. Hitler acusó al Reichsführer‑SS de ser "responsable histórico" de la pérdida de Pomerania y de gran parte de la población local.

Himmler, bajo el pretexto de una "angina severa", se refugió en el sanatorio de Hohenlychen y, allí, buscó una salida política. Según el historiador Peter Longerich, en esas semanas Himmler empezó a considerar usar a los prisioneros judíos como rehenes para negociar.

En secreto, contactó al conde Folke Bernadotte, vicepresidente de la Cruz Roja sueca, y anunció la liberación de 10.000 judíos (principalmente escandinavos) a cambio de la mediación sueca y su propia salvación.

La traición de Himmler: el intento de paz que selló su destino

Cartas y negociaciones diplomáticas

En marzo de 1945, Himmler envió a su médico personal, Felix Kerten, una carta destinada a servir de intermediario con el Ministerio de Relaciones Exteriores de Suecia. En ella anunciaba oficialmente la liberación de 2.700 judíos y la puesta en marcha de un equipo médico en el campo de concentración de Bergen‑Belsen para combatir la epidemia de tifus.

"Es la continuación del curso que mis colaboradores y yo hemos seguido durante años, hasta que la guerra y su falta de sentido hicieron imposible seguir por ese camino".

Dos días después, el 20‑21 de abril de 1945, Himmler se reunió con Norbert Masur, representante del Congreso Mundial de los Judíos. En esa entrevista intentó justificar la política nazi y, al final, ofreció entregar a la Cruz Roja más de mil mujeres judías de Ravensbrück y pequeños grupos de prisioneros de otras nacionalidades.

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El rechazo de los Aliados

Himmler pidió a Bernadotte que intercediera para que pudiera reunirse con Eisenhower y negociar una rendición parcial del Reich en el frente occidental, manteniendo la lucha contra el Ejército Rojo. Bernadotte aceptó solo bajo la condición de que Noruega y Dinamarca también capitularan, y advirtió que las probabilidades de éxito eran escasas.

Los Aliados rechazaron rotundamente la propuesta de rendición parcial. La prensa internacional difundió la carta de Himmler al ministro sueco de Relaciones Exteriores, Christian Günther, revelando sus intentos de paz y dejando claro que su traición había sido descubierta.

"Himmler sudaba, temblaba y trataba de contener las lágrimas. Sabía que su fin estaba cerca" – Nicholas Best.

El final de Himmler

El 29 de abril, Hitler se enteró del complot de Himmler y, furioso, lo expulsó del Partido Nazi y le retiró todos sus cargos. Un mes después, el 23 de mayo de 1945, durante una captura británica, Himmler se suicidó ingiriendo cianuro, poniendo fin a sus ilusiones de liderar un "Cuarto Reich".

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