historia historica

Capitán Wiktor Łomidze desobedeció órdenes el 1 de septiembre 1939: ¿tirar minas del ORP Gryf, sentido común o traición?

Contexto y antecedentes

El minador de minas ORP Gryf había servido bajo la bandera polaca apenas un año y medio cuando el 1 de septiembre de 1939 Alemania invadió Polonia. Tras varios incidentes menores y cambios de mando, el buque quedó bajo el control del capitán Wiktor Łomidze poco antes del estallido de la guerra.

Durante la primavera de 1939 se intensificaron los entrenamientos: inspecciones de cañones, ejercicios de señalización y prácticas de colocación de minas. El Gryf se preparó para una operación de minado que debía bloquear la entrada a la Bahía de Puck.

Capitán Wiktor Łomidze desobedeció órdenes el 1 de septiembre 1939: ¿tirar minas del ORP Gryf, sentido común o traición?

La mañana del 1 de septiembre

El buque estaba anclado en Oksywie cuando los primeros aviones alemanes sobrevolaron el puerto. El contramaestre Wojciech Klisowski describió la escena:

"A las 6 h nos despertamos, escuchamos el zumbido de los bombarderos alemanes y, pese a la densa niebla, los aviones fueron detectados a 500 m. El oficial de guardia ordenó no disparar y, cuando los aviones se alejaron, el Gryf zarpó sin remolcadores."

Alrededor de las 10 h el buque fue avistado por aviones enemigos y, bajo la orden del comandante Kwiatkowski, levantó ancla y se dirigió hacia la Bahía de Puck, acompañado de otros buques de minas.

Plan "Tubo"

A las 16 h se emitió la orden de crear un campo de minas que cerrara la bahía. Alrededor de las 18 h el grupo formado por el Gryf, el destructor Wicher, seis dragaminas y dos lanchas de armas se situó al sur de Hel.

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El ataque aéreo y sus consecuencias

El Gryf fue el objetivo principal de los bombarderos alemanes. Una bomba impactó contra su costado, provocando una explosión que dejó el casco lleno de fragmentos y causó graves bajas entre la tripulación.

"El bombardeo dejó sangre por toda la cubierta. Un marinero quedó decapitado; el comandante resultó herido de gravedad y cayó al suelo sin poder levantarse. La enfermería se llenó de heridos que morían antes de recibir atención adecuada."

Se contabilizaron alrededor de 30 bombas, tres muertos y una docena de heridos. El capitán Kwiatkowski murió en el acto y fue sustituido por el capitán Wiktor Łomidze.

La controvertida decisión de lanzar minas

Aproximadamente a las 18 h, con el Gryf gravemente dañado y la operación de minado a punto de iniciarse, Łomidze tomó la decisión de arrojar al mar las minas que llevaba a bordo. Según los testimonios de oficiales como el teniente Zbigniew Jagusiewicz, la orden fue recibida con asombro y rechazo por la tripulación, que sospechó que se trataba de una orden del mando de flota, aunque luego quedó claro que no existía tal instrucción.

"Nos dijeron que teníamos que lanzar las minas sin ninguna razón clara. No había señal de que el mando lo hubiera ordenado; simplemente lo hizo Łomidze para evitar una explosión en el puerto."

Las minas fueron arrojadas rápidamente y el buque se dirigió al puerto de Hel, donde permaneció como batería antiaérea mientras la mayor parte de la tripulación desembarcaba.

Investigaciones posteriores

Tras la guerra, Łomidze escapó a Suecia y luego a Gran Bretaña, donde continuó su carrera naval sin volver a comandar un buque. En 1940 envió una explicación al almirante Jerzy Świrski, alegando que la orden de lanzar minas provenía de la flota y que el objetivo era evitar una mayor destrucción del Gryf.

Las indagaciones realizadas después de la contienda, bajo la dirección del comandante Czesław Petelenz, demostraron que no existió ninguna señal de “lanzar minas” enviada por el Wicher ni por el mando de flota. Testimonios de oficiales de señalización, como el teniente Aleksander Kadulski, confirmaron que la única comunicación fue la notificación de que el Gryf estaba arrojando minas dañadas y se dirigía al puerto.

El almirante Świrski culpó a Łomidze de privar a la fuerza de ataque de su principal activo, aunque también señaló al almirante Unrug y su estado mayor como responsables de la confusión general.

Conclusión

El debate sobre si la acción de Łomidze fue un acto de cobardía o una medida de sentido común persiste. Lo indiscutible es que la falta de una orden clara y la presión del combate llevaron a una decisión que marcó el destino del Gryf y que sigue alimentando la controversia histórica.